jueves, 2 de mayo de 2019

Edar Avé.

Viene de lejos
y su cama se hunde
en las profundidades
de la tristeza.

Afuera
el bosque es noble
y los pájaros entretienen 
a la muerte 
que viene por el niño.

"No llores. No llores alma mía,
los nuestros son como las mariposas 
en el pecho de tu madre.

El frío va a tensar 
tus músculos y tu boquita,
-antigua funcionaria del estómago-
será un agujero 
sin estrellas.

Allí gravitarás, 
hasta convertirte 
en llanto."

¡Hornero!
vuela al pueblo 
y dile a los poetas 
que se masacren los unos a los otros.

El dolor viene de lejos, 
siempre.




lunes, 29 de abril de 2019

Edar Avé

Edar Avé nació en Lima, Perú el 23 de septiembre de 1972.  Se conoce muy poco de su vida. Al parecer fue un autodidacta que se dedicó a leer y a escribir poemas. Tuvo un sin fin de empleos para ganarse la vida. Reparaba cualquier tipo de artefacto que cayera en sus manos.  Avé dejó varios cuadernos manuscritos con poemas y cartas. Se envenenó con cianuro en el año 2010.


No hay canciones 
para la muerte.

Es mentira.

Ella rompe los vidrios
con sus uñas de acero.

Lo primero que hace 
es ir a la cocina 
y fijarse en la heladera 
si dejaste algo para comer.

Pero no hay nada,
nunca hay nada.

Entonces
 enfurece.

Los siglos 
enfurecen...

Ya no hay dientes.

No hay dientes.


(Versión corregida por el autor. Cuaderno Nro. 2. Fechado en Lima. 1990. Este poema sin título presenta varias versiones).

II.

Calles oscuras
las conozco.

Allá voy
con los pies tiesos,
con las uñas mugrientas,
cosechando las proezas
que el destino se olvida,
en las bolsas de basura.

Aquí estoy
solo.

viernes, 12 de abril de 2019

Leo a ciertos poetas
y creo en ellos.

Poetas:

¡Abran las puertas de mi corazón!


Poetas:

¡Dejen pasar a mis hermanos y hermanas

 necesito sus abrazos!

Pascoaes, a tu salud!

No me hables de los sueños.

Tu padre ha muerto,
y te ha dejado un puñado de papeles deshechos,
una billetera estropeada
y una tónica manera de relacionarte.


¿Es eso?
tu distancia entre palabras,
tu aridez,
tus mapas mentales...

Te vi
trepado a las ramas de un árbol
fumando una pipa.

La luz del sol
enceguecía tus ojos.

Algo huía.

Creo que hay algo vivo en vos.



jueves, 11 de abril de 2019

Desmayo



Había un río, 
una pequeña población de intrusos, 
un perro de pelaje multicolor
y una enredadera
cubriendo mis arterias.

¿Alguien me escucha?

Dos mujeres estaban frente a mí, 
parecían bajadas de un Cerro,
vestían polleras largas 
y las emplomaduras de oro 
de sus dentaduras
me dieron una coordenada.

"Todavía estoy acá", 
en la esquina de Rivadavia y Pueyrredón, 
con la camisa empapada de sudor, 
temblando, 
a la espera. 

a la espera...

sábado, 26 de mayo de 2018


Contadas veces los vi juntos.

Tanto el uno como el otro
conservaban una apariencia
de hermanos.

Había algo en sus cabezas...

Siempre me pregunté
quiénes eran.

Recuerdo navidades
de grandes comensales
con animales dorados
y manos repletas de grasa.

Risas.

Ellos estaban contentos,
podían jugar a las escondidas.

Una noche
los vi entrar de la mano
en un bosque.

Ambos ya habían perdido los dientes.

Uno tenía una prótesis en la cadera y una mancha en un riñón.
Otro, un cáncer en el hígado.

Dejaron de hablar llegando a esa casa
de tejados verdosos.

El abuelo cortaba leña.
La abuela completaba el álbum familiar con fotos de sus hijos queridos.

¿Viste sus manos?

Y bajo una lluvia de fuego,
aullaron.

martes, 22 de mayo de 2018

La Dama


                              
Sé que tuvo décadas felices,
donde nadie sabía a qué se dedicaba,
años en los que vestir un traje caro
y repartir tarjetas personales
era un pasaporte al infierno.

Creo que nunca lo vi
leyendo un libro,
tampoco lo escuché
hablar de fútbol.

Eso sí:
los amigos poderosos
y los gastos extravagantes
le fascinaban.

Una vez me dijo:
“fijáte siempre en la Naturaleza”.
Después se sumergía en papelitos
con números y cuentas imposibles:

Un millón para mamá,
Un millón para…

 Nada funcionó.

Los años pasaron
y las cosas se fueron perdiendo:

Casas,
Autos,
Oficinas,
Ropa,
Amigos,
Hijos,
Amor,
Dientes.

Los papelitos con las cuentas
no dejaron de existir:
Un millón para mamá,
Un millón…

Mientras:
Idas y vueltas a las guardias de los hospitales públicos,
Él con los ojos extraviados,
y un jogging manchado de pis.

“¿Dónde está mamá?”
“¿Está enojada mamá?”

Hasta que a los 80 años
se cayó y terminó
en un geriátrico del barrio del Once.


Vio morir a varios de los ancianos que vivían ahí,
lloró día y noche,
se quejaba del sinsabor de la comida,
del mal gusto de todo lo que lo rodeaba.

“¿Está enojada mamá?”

Siento su mano en mi espalda,
dándome un envión,
yo con 10 años,
montado en una bici sin rueditas,
Él con 45.

Cuando lo vi muerto en su cama,
pensé en eso.

Edar Avé.

V iene de lejos y su cama se hunde en las profundidades de la tristeza. Afuera el bosque es noble y los pájaros entretienen  a la mu...