lunes 28 de noviembre de 2011

Hemingway





Una belleza sin límites. Una mujer con la que entrás en una fiesta y todos se dan vuelta para mirarla y que si te alejas unos segundos de ella, para ir al baño o para buscar otro trago, alguien se acerca y le propone un paisaje (ella sonríe), y es algo que uno sabe y que a veces te juega una mala pasada, dije.
Creo que estás exagerando, dijo.
Esta vez no, dije.
La mujer por lo general tiene ese tipo de atributos, dijo.
Tal vez, dije.
A veces me despierto a la madrugada y la veo dormir desnuda, boca a bajo y no puedo dejar de imaginarme un pasado, dije.
Es una gran estupidez, dijo.
Sí pero un pasado que la trajo hasta esta cama, dije.
No te creo, dijo.
Yo tampoco, dije.
¿Y? , preguntó.
Bebo una medida de Cinzano con Coca, bebo otra y ella se desliza suavemente entre las sábanas, dije.
¿A ese trago le apodaste Hemingway, no?, preguntó.
Sí, dije.
Gran emblema, dijo.
A veces me siento viejo, dije.
Creo que es miedo, dijo.
Siento que todo algún día dejará de estar cerca, dije.
Eso nos pasa a todos, dijo.
No digo lo contrario, dije.
¿Entonces?, dijo.
Tengo terror de enloquecer de tal manera que solo piense en hacer el amor con ella, dije.
No te preocupes por eso, dijo.
No es una preocupación, es una certeza, dije.
Voy a probar esos Hemingways, dijo.

2 comentarios:

elplacarddemama dijo...

Me dieron ganas de probar un Hemingway

Anónimo dijo...

Me temo que necesito un H.(dos veces doble) desde hace dos días.