lunes, 7 de noviembre de 2011

Tuve una jornada agotadora:
acomodé libros
dije que jamás entendí a Rilke
comí un sanwhich apurado
y llegué a casa
derrotado

pero cuando abrí el placard
y vi
su ropa colgada
sus diminutas bombachas
sus grandes corpiños
me dije
que era un hombre afortunado
los que trabajamos ochos horas al día
viajamos dos
y tenemos un día y medio de descanso
alguna vez
deseamos
salirnos del circuito

miramos el reloj varias veces
tratamos de leer en el tren o en el colectivo
pegamos las suelas de las zapatillas
y siempre nos deleitamos con alguna mentira cotidiana

cuando por alguna razón
algo se distrae
y estamos frente al mar o a la montaña
nos decimos:
"éste es el lugar"
y por si esto fuera poco
bebemos
para complacer esos caprichos de honestidad brutal

C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...