miércoles, 18 de mayo de 2011

7.36 AM-8.15 AM

7.36 AM.

La alarma del teléfono móvil comienza a sonar (un chillido indescriptible que hace vibrar al mismo aparado con sus luces intermitentes con su pequeño desplazamiento electrónico). Estás en la cama (futón de dos plazas sin sábanas con dos almohadas ¿te acordás?) tu cuerpo comienza a integrase al nuevo día. Un leve malestar ronda por ahí, quizá en tu cabeza, en tu pie izquierdo o en tus manos. Algo que muchas veces le trataste de explicar a tu analista (antes de abandonarlo con la excusa de los honorarios). Te sentás en el borde del futón (las cerámicas del monoambiente te avisan que la mañana es fría y tal vez indiferente) caminás (pocos pasos) hacia la cocina y encendés una hornalla. La pava(cerca) todavía conserva algunos dibujos de su juventud (esas manchas negras sobrevivientes del fuego y de esos años de vidrieras y ofertas). Tratás de hacer memoria de cuándo fue que la compraste. El recuerdo dice poco y ya en el baño te cepillás los dientes mirándote en el espejo.
La alarma del teléfono móvil se apaga mientras entre buche y buche (el dentífrico ese que compraste en la promoción del supermercado te hace picar la lengua) mirás los dos pantalones que están colgados en lugar de las toallas (un blue jean gastado Levi's y el otro informalmente negro Adidas) pensando cuál te pondrás. Esto te lleva a establecer una especie de probabilidad entre la elección de las prendas y el modo en el que se desarrollará tu jornada laboral. Estupideces. Pensás.


7.55 AM
La pava silba. Elegís el blue jean y preparás unos mates. Comienzan a escucharse un sin fin de bocinas. Claro: desde la calle se filtra el nerviosismo del tránsito. "Claxon" (como decías cuando vivías en Texas) de todas las marcas, con conductores frenéticos que intentan llegar primero al colegio de sus hijos y después a la oficina. Hombres y mujeres. Mujeres y hombres vestidos y vestidas para el combate cotidiano. (Tu pregunta es casi una constante: ¿Algún día estaré ahí? ¿Ahí dónde? en un vehículo lustrado, dentro de una camisa almidonada, esperando que un Hijo me diga: Papá te quiero. O Papá: tengo sueño. Ahí con una billetera en el bolsillo trasero, poco dinero, un carnet de medicina prepaga y la foto de una (mi) Mujer). Risas.

Tomás unos mates. Un buzo al cuerpo,medias, zapatillas (talco) y la mochila ya está en tu espalda con un libro y nada más.

Comprobás que la llave del gas esté cerrada y abrís la puerta de tu departamento con una sensación extraña (¿el blue jean?).

Segundos antes un beso a la estampita del Jesús del Sagrado Corazón que está siempre en la mirilla de la puerta del lado de adentro como una suerte de fe protectora.
Bajás los dos pisos por la escalera(no hay ascensor) y ya en la calle el movimiento del mundo te distrae.


8.09AM

Acá es donde empieza todo. Es decir: llegar hasta la estación de Coghlan (tres cuadras, saludar a los muchachos de la YPF, mirar el cielo, bostezar) darse cuenta de que el sueño responde a una situación laboral (poco cómoda, gelatinosa) y comenzar un monólogo interno con lo que quedó de la noche anterior (una mujer casual, una botella de whisky, un amigo, la soledad).
Estás en el andén y el tren se demora (como de costumbre). Hay caras y situaciones familiares: el tipo del sobretodo gris leyendo la Nación, la muchacha de tetas grandes con su bicicleta, el perro que duerme entre sus semejantes.

Demora.

8.15AM

El convoy se ve a lo lejos. La gente comienza a agruparse (el tipo que lee la Nación, la tetona y el perro están alerta. Cada cual en su juego, en sus periféricas maneras de entender el Suceso).

lunes, 16 de mayo de 2011

sábado, 14 de mayo de 2011

Poesía Civil. Sergio Raimondi.

Sileno en la Estación de Ferrocarril

Acostado de lado, con un codo incómodo
apoyado en el cemento y la cabeza
tirada hacia atrás, duerme. Rodillas dobladas,
pies contra el culo, al aire la panza enorme,
boca abierta al cielo, chata nariz.
Esto es obra de dos o tres treta-brik.
Si fuera de mármol estaría expuesto
en un museo de Roma, Londres o París
como un ejemplo de arte helenístico.
Y no le molestarían las moscas.

viernes, 6 de mayo de 2011

Poemas del sin trabajo. Eduardo Mileo.

Esto no es un fantasma

El que está sin trabajo
cuelga de un perchero.
Su cotidiano deshacerse,
su ser nadie más que ropa
expuestos como un cuadro.
"Esto no es un perchero",
habría dicho Magritte
si no fuera una momia,
una nada hecha polvo y misterio.
Pero qué puede decir el sin trabajo
si desaparece de su ropa,
si no es nadie en el amor del mundo.

Con la punta de los dedos
aferra el puño de la camisa holgada.
Siente en la yema los hilos
de la tela raída.
Y vuelve a colgar del perchero
como la momia de Magritte.

domingo, 1 de mayo de 2011

C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...