lunes, 18 de abril de 2011

La fiesta inolvidable

Al menos hay que leer una vez al día (todos los días) un fragmento (aunque sean cincuenta renglones) de algún texto de Lamborghini y tomar conciencia de la brutalidad que es capaz de producir este sujeto sobre sus lectores. Hay que meterse de lleno con él, esperarlo en una esquina, esconderse y verlo caminar o fumar o reír. Nada más. Un ser que lo lea en profundidad no puede escapar del asco, de la repugnancia y esto combierte a Lamborghini en un escritor inolvidable. Siempre cuando termino el ritual de releer una y otra vez, por ejemplo El Fiord, me pregunto qué me hubiera pasado si me topaba con esta bestia veinte años atrás. Estoy convencido que hay que reemplazar las lecturas de la adolescencia (Bioy, Sábato, Borges, García Marquéz) por una línea más comprometida: Arlt, Onetti, Lamborghini. Después de años pienso en la erudición de Borges y en la distracción que producen sus juegos de espejos, laberintos y espadas.
Un escritor como Foster Wallace (que decide hasta su propia muerte) tiene una voracidad que va más allá de lo literario: es la vida misma que se desencuentra en un diálogo o en una estación de tren. El escritor que deambula, que trabaja de mil maneras para mantenerse en una ciudad, que no tiene ni amigos ni parientes en editoriales o en algún puesto político-cultural: ese escritor (que no puede hacer otra cosa que sentirse un fracasado) es el que tiene algo por decir.


"...Sigilosamente el yuga abrió uno de los buzones de castigos. Entró, era la carcél de Devoto. Adentro había tres reclusos. El más joven, el rubiecito, se acercó en seguida. El yuga se quedó parado, abierto de piernas, mientras el pendejo le desabrochaba la bragueta, sacaba la pija afuera, ya medio erguida, la sacudía un poco primero y después empezaba a chuparla con el agregado de una permanente tocada de huevos. El yuga le dijo que estaba muy bien:Pibe, dale, así, así, carajo. Hasta que el quejido le tiró toda la leche en la boca. Había acabado. Los otros dos reclusos esperaban en un rincón. El chico ahora lamía los laterales de la cabeza de la garcha, mamando hasta la última gota para dejársela limpita..."

Osvaldo Lamborghini. Fragmentos.


Me dispuse a confeccionar una lista de invitados para celebrar una fiesta inolvidable. Una ocasión para juntar a ciertos sujetos con otros y ver qué pasa o qué se dice o cómo se miran. Lo primero que se me ocurrió fue una fecha 18 de noviembre. Lugar: un bar en San Clemente del Tuyú: Los perros románticos.

La lista contempla dos clases de invitados: poetas y narradores. En el caso de que uno de los invitados se proclame un "poeta-narrador" prevarecerá siempre la condición de poeta. No se tomarán en cuentan los hábitos sexuales o las ideologías políticas. Las mesas estarán dispuestas de tal manera que todas quedarán equidistantes y en lo posible con vista al mar. Serán cuatro integrantes por mesa y habrá una capacidad para veinticuatro personas. Las razones de tal elección jamás serán explicadas y aquella persona que necesitara tal explicación será expulsada de forma inmediata del establecimiento. El bar contará con un servicio de lunch, un portero y personal de seguridad. Aclarados estos puntos paso a anunciar el nombre de los invitados con su respectiva ubicación:


Mesa I:

Roberto Bolaño,Néstor Perlongher,Osvaldo Lamborghini,Roberto Arlt.

Mesa II:



Juan Carlos Onetti, Leopoldo Marechal, Beppe Salvia, Francisco Urondo.


Mesa III:


Idea Villariño,Héctor Murena, Adrienne Rich, Seamus Heaney, Gui Rosey.

Mesa IV:

Foster Wallace, Maurice Blanchot, René Char, Anne Sexton.

Mesa V:

Georg Trakl, Paul Eluard, Jean Pierre Duprey, José Asunción Silva.

Mesa VI:


Silvia Plath, Hugo Padeletti, Abelardo Castillo, Cyril Connolly.

Misceláneas:Bolaño se violentó porque nadie se acordó de Viel Temperley y de su Lisa y tal vez de su condición de escritor exiliado. Osvaldo Lamborghini bebió lo suficiente como para intertar seducir a Anne Sexton cosa que terminó mal: ella se levantó y se fue (tarde) con Trakl. La sorpresa para todos fue la presencia de Gui Rosey, muchos lo daban por desaparecido pero René Char tuvo la amabilidad de darle la mano de tal manera que Blanchot se quedó sin palabras. Duprey y Eluard hicieron planes para conocer Mar del Plata. Eluard halagó la arquitctura de Bustillo y dijo que cualquier poeta joven debería caminar por la rambla marplatense. Forter Wallace estuvo de acuerdo con Asunción Silva sobre la hipótesis de que las mujeres con pechos grandes son mentirosas y que no vale la pena sufrir por ellas. Idea Vilariño los acusó de "maricones" y Onetti le pedió coherencia. Arlt en cambio apoyó la hipótesis de Wallace y se acordó de una novia que tuvo en Flores que cumplía exactamente con esos requisitos y que además era una encantadora "hija de puta". Perlongher estuvo en silencio casi toda la noche.
Francisco Urondo se levantó y se fue a caminar por la playa. Nadie lo vio regresar.

Se bebieron setenta y dos botellas de vino tinto. La velada concluyó a las nueve de la mañana.