miércoles, 27 de abril de 2011

no tan salvajes...

¿Por qué tengo dos ejemplares de Los detectives salvajes? uno leído y marcado y el otro pálido y sin mácula ¿Por qué cuando me ofrecieron otros libros como regalo elegí una vez más los detectives? ¿Tiene esto algo que ver con la poesía? ¿Con mis últimas lecturas: Wallace Stevens, Ezra Pound, Louis Zukofsky, Charles Olson, Frank O´ Hara, Gary Snyder? ¿O será la quietud de lo leído (Bolaño y sus secuaces) lo que alivia (de cierto modo) esa locura acumulativa de autores? "Dejemos tranquilo a Roberto por un tiempo, dijo un periodista".
Tal vez la dedicatoria de Los sinsabores del verdadero policía (A la memoria de Manuel Puig y Philip K.Dick) haya establecido un puente inconsciente con esa incoherencia aparente entre escritores tan dispares pero a su vez casi idénticos: ¿qué tienen en común Puig y Dick? más allá de la graciosa foniatría de sus apellidos penetrados por la lengua universal ¿Cómo llegué después de la lectura (como dije) de esos poetas a esconder en mi biblioteca esos dos ejemplares de detectives y luego (como un niño travieso) a citar (de memoria) esa divertida e intrigante dedicatoria?
Una solución inmediata sería vender uno de los textos en la feria del parque Rivadavia y con el dinero obtenido comprar una cerveza. Esto me haría por unos segundos feliz. La embriaguez de aquello que se desprende. Allá (en el puesto) quedará el libro y el enigma frente a los ojos del vendedor (barba, pipa, sueño y saber). A metros o a kilómetros un bar, un mostrador, unas mesas diferenciadas por el azar y el efectivo en el bolsillo como para apostar al boxeador latianoamericano que cruzó la frontera para dejarlo todo. Primer round: una chica (rubia y alta) se pasea por el cuadrilátero con el cartel que indica el comienzo del asalto: para mi sorpresa el Estadio está vació: sólo el luchador calentando los brazos y yo. Se escucha el "ring" de la campana: ahí vamos. Avanza sobre mí, se acerca tanto que puedo sentir su aliento. Tres o cuatro trompadas seguidas (cara, abdomen, hígado, hombros). Las esquivo. El mozo trae la bebida. Pago. Pero antes me detengo en la textura de los billetes: el mozo me mira con desconfianza (no tengo ganas de explicarle todo). Guarda el dinero en la billetera y sacude la cabeza. Allá él.
Fin del primer encuentro. En el rincón mi oponente está agitado. (¿acumulación de ácido láctico?¿pesimismo crónico?¿falta de preparación?) Me levanto, camino hacia él y le pregunto si sabía que tenían en común Puig y Dick? Escupe. Insisto: ¿sabés por qué tengo dos detec...?
El mozo se acerca.

-¿Necesita algo?
- No.

- Ah, perdón. Lo escuché hablar y pensé...

¿Trendrá esto algo que ver con la poesía? ¿Con mis últimas lecturas: Wallace Stevens, Ezra Pound, Louis Zukofsky, Charles Olson, Frank O´ Hara, Gary Snyder?

Segundo round. La chica (alta y rubia) se demora. (¿timidez vocacional?¿falta de experiencia?¿habrá recibido un llamado telefónico de su novio "allá" del otro lado del Atlántico?).
Una mujer mayor (creo que es Marguerite Duras) se detiene frente al puesto treinta y tres (pegado a la calesita) del Parque, abre la cartera y se lleva Los detectives. El vendedor (barba, pipa, sueño y saber) entiende que hurtar ciertos libros es la única manera de salvarlos. O de olvidarlos.

(Ring).

lunes, 25 de abril de 2011

a nadie le importa el final

no los juzgues
(no te juzgues)
no digas:
“me dejaste en el camino”
“no hablo español”

vos también
fallaste
a vos también
te sedujo el traje del mendigo

no llegues a pensar que el mar se termina
en una fotografía

la sal es otra cosa

lunes, 18 de abril de 2011

La fiesta inolvidable

Al menos hay que leer una vez al día (todos los días) un fragmento (aunque sean cincuenta renglones) de algún texto de Lamborghini y tomar conciencia de la brutalidad que es capaz de producir este sujeto sobre sus lectores. Hay que meterse de lleno con él, esperarlo en una esquina, esconderse y verlo caminar o fumar o reír. Nada más. Un ser que lo lea en profundidad no puede escapar del asco, de la repugnancia y esto combierte a Lamborghini en un escritor inolvidable. Siempre cuando termino el ritual de releer una y otra vez, por ejemplo El Fiord, me pregunto qué me hubiera pasado si me topaba con esta bestia veinte años atrás. Estoy convencido que hay que reemplazar las lecturas de la adolescencia (Bioy, Sábato, Borges, García Marquéz) por una línea más comprometida: Arlt, Onetti, Lamborghini. Después de años pienso en la erudición de Borges y en la distracción que producen sus juegos de espejos, laberintos y espadas.
Un escritor como Foster Wallace (que decide hasta su propia muerte) tiene una voracidad que va más allá de lo literario: es la vida misma que se desencuentra en un diálogo o en una estación de tren. El escritor que deambula, que trabaja de mil maneras para mantenerse en una ciudad, que no tiene ni amigos ni parientes en editoriales o en algún puesto político-cultural: ese escritor (que no puede hacer otra cosa que sentirse un fracasado) es el que tiene algo por decir.


"...Sigilosamente el yuga abrió uno de los buzones de castigos. Entró, era la carcél de Devoto. Adentro había tres reclusos. El más joven, el rubiecito, se acercó en seguida. El yuga se quedó parado, abierto de piernas, mientras el pendejo le desabrochaba la bragueta, sacaba la pija afuera, ya medio erguida, la sacudía un poco primero y después empezaba a chuparla con el agregado de una permanente tocada de huevos. El yuga le dijo que estaba muy bien:Pibe, dale, así, así, carajo. Hasta que el quejido le tiró toda la leche en la boca. Había acabado. Los otros dos reclusos esperaban en un rincón. El chico ahora lamía los laterales de la cabeza de la garcha, mamando hasta la última gota para dejársela limpita..."

Osvaldo Lamborghini. Fragmentos.


Me dispuse a confeccionar una lista de invitados para celebrar una fiesta inolvidable. Una ocasión para juntar a ciertos sujetos con otros y ver qué pasa o qué se dice o cómo se miran. Lo primero que se me ocurrió fue una fecha 18 de noviembre. Lugar: un bar en San Clemente del Tuyú: Los perros románticos.

La lista contempla dos clases de invitados: poetas y narradores. En el caso de que uno de los invitados se proclame un "poeta-narrador" prevarecerá siempre la condición de poeta. No se tomarán en cuentan los hábitos sexuales o las ideologías políticas. Las mesas estarán dispuestas de tal manera que todas quedarán equidistantes y en lo posible con vista al mar. Serán cuatro integrantes por mesa y habrá una capacidad para veinticuatro personas. Las razones de tal elección jamás serán explicadas y aquella persona que necesitara tal explicación será expulsada de forma inmediata del establecimiento. El bar contará con un servicio de lunch, un portero y personal de seguridad. Aclarados estos puntos paso a anunciar el nombre de los invitados con su respectiva ubicación:


Mesa I:

Roberto Bolaño,Néstor Perlongher,Osvaldo Lamborghini,Roberto Arlt.

Mesa II:



Juan Carlos Onetti, Leopoldo Marechal, Beppe Salvia, Francisco Urondo.


Mesa III:


Idea Villariño,Héctor Murena, Adrienne Rich, Seamus Heaney, Gui Rosey.

Mesa IV:

Foster Wallace, Maurice Blanchot, René Char, Anne Sexton.

Mesa V:

Georg Trakl, Paul Eluard, Jean Pierre Duprey, José Asunción Silva.

Mesa VI:


Silvia Plath, Hugo Padeletti, Abelardo Castillo, Cyril Connolly.

Misceláneas:Bolaño se violentó porque nadie se acordó de Viel Temperley y de su Lisa y tal vez de su condición de escritor exiliado. Osvaldo Lamborghini bebió lo suficiente como para intertar seducir a Anne Sexton cosa que terminó mal: ella se levantó y se fue (tarde) con Trakl. La sorpresa para todos fue la presencia de Gui Rosey, muchos lo daban por desaparecido pero René Char tuvo la amabilidad de darle la mano de tal manera que Blanchot se quedó sin palabras. Duprey y Eluard hicieron planes para conocer Mar del Plata. Eluard halagó la arquitctura de Bustillo y dijo que cualquier poeta joven debería caminar por la rambla marplatense. Forter Wallace estuvo de acuerdo con Asunción Silva sobre la hipótesis de que las mujeres con pechos grandes son mentirosas y que no vale la pena sufrir por ellas. Idea Vilariño los acusó de "maricones" y Onetti le pedió coherencia. Arlt en cambio apoyó la hipótesis de Wallace y se acordó de una novia que tuvo en Flores que cumplía exactamente con esos requisitos y que además era una encantadora "hija de puta". Perlongher estuvo en silencio casi toda la noche.
Francisco Urondo se levantó y se fue a caminar por la playa. Nadie lo vio regresar.

Se bebieron setenta y dos botellas de vino tinto. La velada concluyó a las nueve de la mañana.

sábado, 9 de abril de 2011

Texas


Mi libro de poesía Texas ya está publicado gracias al apoyo de Matías Reck y de su editorial Milena Caserola.

En los próximos diez días estará en las siguientes librerías:



Librería Norte, Av Las Heras 2245


La Libre, Bolivar 646, San Telmo


Librería Crack Up, Costa Rica 4562, Palermo


Otra Lluvia, Bulmes 640, Almagro


El Aleph, Corrientes 4790, Villa Crespo


Librería Fedro, Carlos Calvo 578, San Telmo


Librería de las Madres, H Irigoyen 1584, Congreso


Córdoba:


Librería Rubén, Dean Funes 163 loc 1

Librería Del ciclista, Caseros 45


Rosario:


Homo Sapiens libros, Sarmiento 829


Chaco:


CECUAL (CENTRO CULTURAL ALTERNATIVO)

domingo, 3 de abril de 2011

El cortito...



¿Será la torpeza? Digo: los espacios entre palabras (la mirada en la ventana. El mozo y el hambre. Los golpes de puño en la mesa) ¿Habrán sido los abrazos no dados de mi padre? ¿Los bostezos? ¿Los pretextos estúpidos de la infancia: "fijate bien por dónde caminás. No llegues tarde a casa". (Las moscas en los vidrios. La masticación (silenciosa) de los órganos. El vasco viejo. Los rufianes de pelo largo). ¿Habrá sido la doble escolaridad en el colegio Castelli (la uña de Caro (el director) sobre el mantel diciendo: "No deje nada en el plato". La guerra de panes. La hija de Martín Karadagián) ¿Serán los suspensos? ¿Las rutas perdidas de los países perdidos? ¿Los mostradores vencidos por la arritmia de la noche? ¿Montevideo? ¿Los perros? ¿El café Roma de la Boca? ¿Serán las películas de clase B? ¿Las salas de cine condicionado de la ciudad de Córdoba (la carta que escribiste en el bar en forma circular cuyo principio y final eran el mismo: el terror al amor, a las ambulancias, a las camas de dos plazas, al sexo sostenido por el látex) ¿Habrá sido la casa de dos plantas en la calle Larsen en el barrio de Villa Pueyrredón, con la parrilla y el quincho y la amarga sensación del fracaso? ¿Será la primer novia, allá por los ochenta y esas figuritas que pegabas en el albúm? ¿Las mudanzas? ¿El quiosco de "De la Rua" justo mirando la ventana de tu dormitorio? ¿Los pasillos destrozados? ¿Las máquinas hacedoras de cemento en la mitad del paso? ¿Los vecinos? ¿La profesora de danza con sus babones blancos? ¿Será tu primer par de zapatillas topper (celestes) y ese cigarrillo que tiraron desde lo alto? ¿Los incendios? ¿Será el nombre de la madre, del amigo, de la mina que te deja sin decir por qué, ni cómo, ni cúando? Lo que te hicieron sentarte y escribir monólogos eternos, donde lo que "es" queda agraviado por lo que pensás que no fue.


Las vías del tren y la estación Coghlan y esos rudimentarios mecanismos del adiós.


C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...