lunes, 28 de febrero de 2011

¿Sabés cómo viajan los verdaderos Poetas de nuestra Tierra? ¿Cómo viven, con quién hacen el amor, dónde duermen? ¿Sabés cómo se ganan la vida los verdaderos Poetas de nuestra Tierra? ¿Quiénes son? ¿Serán aquellos que la Academia pondera? ¿Octavio Paz, T.S Eliot, Roberto Juarroz, Marosa di Giorgio, el Conde de Lautrémont?
¿O serán los hombres y mujeres anónimas de nuestra Tierra que día a día o que noche a noche trabajan en silencio (como una araña envenenada) tejiendo y destejiendo acertijos? ¿Serán los hombres y las mujeres que no esperan ningún reconocimiento, que después de una jornada agotadora abrazan a sus hijos, maridos, amantes, en la oscuridad? ¿O serán nuestros hermanos sin rostro que cruzan la frontera evitando los radares, los calibres largos, las serpientes?¿Serán los asesinos, los atracadores, los infames, los maricones, las putas, los estafadores, los rufianes, los borrachines, los puentes, los disparos, la nada?
¿O serán aquellas promesas incumplidas (la voz del padre y ese lugar repleto de juguetes) las que nos obligaron a ser un verdadero Poeta de nuestra Tierra?
Lejos: una voz en off.
Una pantalla en blanco. Butacas vacías.

domingo, 27 de febrero de 2011

Maurice Blanchot (1907-2003)

A las diez de la mañana (domingo) Maurice Blanchot apretó el timbre de mi departamento de manera insistente. Por la intensidad y la brevedad entre los pulsos (el sonido era insoportable) lo imaginé nervioso. Bajé (la noche anterior me había acostado temprado debido a que me estaba recuperando de una fuerte gastritis) y cuando abrí la puerta la sonrisa de Blanchot me resultó cautivante.
Subimos. Mi percepción de su nerviosismo fue real: me contó que se habían cancelado varios trenes y que se sentía "grande" como para viajar en ciertas condiciones. Mientras se acomodaba en el futón y miraba despreocupado algunos libros que yo tenía en la mesa (El Manual de la oscuridad de Enrique de Hériz, la Breve Historia de la Literatura Argentina de Martín Prieto, Hijos sin hijos de Vila- Matas) me dijo que a pesar de su incomodidad en el traslado le gustó en extremo la estación de Coghlan. La palabra "extremo" me inquietó pero la tomé como un halago o como una de sus tantas formas de empezar y terminar una conversación.
Se acomodó en el futón, cruzó las piernas y me dijo: Andrés, Pascal apuntó al centro del pensamiento trágico.
Era temprano y la gastritis todavía me estaba dando sus últimos guiños. Le ofrecí un café (el cual aceptó sin dudarlo) y lo único que pude decir fue que Pascal me parecía un filósofo al cual habría que recurrir siempre, es más: hasta en los momentos de mayor tristeza. Maurice volvió a regalarme esa sonrisa indiscreta como señal de aprobación.
Blanchot: "El hombre trágico vive en la tensión extrema entre los contrarios, asciende del sí y no confusamente mezclados a los sí y no claros y claramente mantenidos dentro de la oposición. Pascal no ve al hombre como una mezcla regulable de cualidades medianas y honrados defectos, sino como un encuentro insostenible de extrema grandeza y de extrema miseria, nada incongruente donde se topan dos infinitos".
Lo escuché como quien cierra los ojos y se demora frente al mar: sus palabras eran mágicas. Era casi improbable que Blanchot estuviera en mi departamento y más improbable aún que estuviera hablando de Pascal. Creo (me dije) mientras le dejaba el café sobre la mesa que todo lo que estaba ocurriendo era parte de un sueño y que ésta absurda aclaración era parte de una lógica onírica, una mecánica nacida en los confines de lo oculto.
Blanchot se quedó en silencio. Como si hubiera escuchado este último pensamiento, como si él estuviera destinado a ser evocado por Otros (mayúscula) y esos Otros fueran una especie de mensajeros demoníacos. No lo imagino a Banchot en el Paraíso: se hubiera aburrido muy rápido. Lo veo abrazado a una idea del Mal, el Mal tomado desde la palabra: el Mal que se origina en todo diálogo y en toda ruptura de ese diálogo, el Mal visto desde la ontológia de su propio desastre y no como una simple oposición al Bien. Blanchot es parte de una arquitectura sutíl casi invisible, presente (y ausente) de algún callejón del Tártaro.
Pienso que la tensión a la que Blanchot hizo referencia es uno de los atributos del hombre trágico y que un hombre es trágico cuando su existir convive con las tinieblas, con una convocatoria a un hablar verdadero, un hablar cuya consecuencia es el silencio, un espacio abierto, sin fronteras, un lugar donde la justicia es impensable, un mundo inhabitable pero un mundo en el cual el hombre trágico debe y tiene que permanecer.
Blanchot vuelve a sonreír.
¿Aprobación total? ¿Aliteración en el núcleo de los sueños? ¿Aburrimiento matinal? ¿Qué consecuencias tuvo el encuentro de Blanchot con la estación de Coghlan? ¿Cómo llegué a pensar que la persona que estuvo acá (situemos lo descripto anteriormente como un punto referencial) era Maurice Blanchot? ¿Por qué sólo vio (de todos los libros que tengo en la mesa) tres títulos: el Manual, Hijos y la Breve Historia de Prieto? ¿Hablamos de ciertos escritores latinoamericanos? ¿Le pregunté sí sabía cómo viajan los verdaderos Poetas de nuestra Tierra? ¿Le dije, tal vez, que me incomodaban sus inclinaciones políticas? ¿Le mencioné mi admiración por David Foster Wallace?

sábado, 26 de febrero de 2011

Buenos Aires:
hoy es un día soleado
tus calles se esconden
en las carteras
de esas extrañas criaturas
digo
"tus calles"
como podría haber dicho:
" tus perros" " tus miedos" "tus ojeras"
pero
la calle
es violenta
y nadie sabe lo que se mueve
detrás
de un signo

Buenos Aires:
te veo triste
a pasar
de tus enigmas

no quiero apostar
a tus caballos
todos han perdido

tus bares
son feroces
y creo
que Roberto Arlt
faltó
a la redacción del periódico
y el Polaco
no pudo
contra
tu nariz
de cemento

Buenos Aires:
sos como esas mujeres
a las que uno extraña
desde la clandestinidad

domingo, 20 de febrero de 2011

No te asustes si algo te sucede


Un recuerdo mortificante. Una letrina repleta de excrementos y una mujer (esa) que te dice que no sabía por qué te robó el dinero. Una ruta vacía. Fría. Un perro husmeando el asfalto. Mi cuerpo hundido en el asiento 24 de un micro de larga distancia. La máquina de café junto a la puerta del baño. El olor a pis y la tos de los pasajeros (¿Dos? ¿Tres? ¿Ninguno?). Quietud.
La pesadilla se repite una y otra vez como si estuviera grabada en la matriz del pavimento. Luces de patrullas. Un lugar fronterizo y como respuesta a la soledad: la botella de ron envuelta con papel de diario.
¿Por qué te llevaste el dinero?
La pesadilla no tiene una respuesta pero quizá cuando despierte todo esté resuelto (me digo). Sólo desciende en el pueblo y asesina a los fantasmas (murmuro). Cuando abra los ojos todo estará bien (repito).
Bebo un poco de ron y una voz (la Voz) me dice sí le invito un trago.
Sí.
Un rostro oscuro. Sombreado por las luces de lo anónimo. Un rostro facetado por la velocidad de un film:

- ¿Hacia dónde va muchacho?

La pesadilla tampoco respondió pero el autobús se detuvo y bajé en un especie de estación abandonada y él (la Voz) también lo hizo y ambos nos sentamos en el cordón de la vereda.
El mirco partió y cuando se alejaba (como un cóndor planeando en la oscuridad) pensé en la imposibilidad de un regreso.
La Voz dijo:

- Yo también vine a encontrarme con alguien.

Silencio.
No quise responder. Cuando giré la cabeza (era tarde pero todo terminará de algún modo u otro) pude ver el rostro de la Voz y me di cuenta que se trataba de Frank O´Hara, un poeta norteamericano de peso. Vestía un blue jean y una camisa negra.
Frank O' Hara murió en un accidente automovilístico en 1966. Al igual que Camus (1960) , Barthes (1980) y Sebald (2001). Los cuatro compartieron el genio y la desgracia.
¿Qué hacía Frank O´Hara en la pesadilla?
Ron.
Un poeta nacido en Baltimore y muerto en Long Island. Un poeta insondable, miembro de la llamada "Escuela de Nueva York", con versos como: "... Oh dios, es maravilloso salir de cama y beber demasiado café y fumar demasiados cigarrillos y amarte tanto..."
¿Qué hacía en el centro de la pesadilla? ¿Él será el Minotauro hacedor de todo éste inframundo?
El micro había desaparecido.
Ron.
Frank se levantó y sacó del bolsillo del jean un paquete de cigarros aplastados. Enderezó uno y lo encendió.
Entendí que los poetas (los verdaderos poetas) viajaban por las noches eternas de las pesadillas, viajaban y hacían el amor con nuestros muertos, viajaban y entraban en las tiendas en busca de pastillas mentoladas y latas de cervezas, viajaban y se golpeaban con los matones, con los eunucos, con los carabineros de los pueblos y de los continentes más alejados, viajaban para fumar en la oscuridad.
O´Hara comenzó a caminar (con el cigarro en la boca, con su espalda simétrica, con su jean ajustado) y a los pocos pasos me dijo:

- Jalá la cadena, muchacho: ¡Jálala!

viernes, 18 de febrero de 2011

Vladimír Holan (1905-1980)

Pocas veces hablé de Horacio Tesei. Un poeta. Un narrador. Un escritor de textos inconclusos -lejos de la mecánica de Kafka (por el genio y el aspecto físico). Lejos de los sentimentalismos cartesianos -esos que soportan el tedio de un domingo en companía de una mujer- Lejos de los fulgores de la lengua: un claro ejemplo fueron los seis años que Tesei vivió en Texas- Tesei es una persona de pocas palabras o de muchas pero en el balance de una conversación siempre aloja en el interlocutor una especie de gusano: algo que penetra lo más íntimo. En el año 1983 muere su abuelo paterno y poco después su abuela materna. Ambos fueron para Tesei puntos de inflexión en su niñez: el viejo abuelo le enseñó el arte de la persuación, de la bondad, de mirar fijo a los ojos en silencio. Su abuela materna le heredó la alegría del carnaval -fueron juntos y por única vez a ver una comparsa por el barrio de Boedo. Tesei experimentó una adrenalina salvaje entre pomos de nieve y baldes de agua- y sobre todo esa abuela le mostró la magia de la pintura. De ahí que años después (muchos) sus primeros trabajos plásticos (imperfectos, absurdos, indocumentados) fueron en Austin, Texas, en companía (en ese entonces) de su pareja y de una perra apodada "Cleo".
Tesei tenía una lista de preguntas frecuentes. Es más: era una manera cautivante (e inocente) de intervenir sobre el otro. Un mínimo cuestionario lo acercaba tanto a una mujer como a un hombre. Cuando lo conocí (en una librería de palermo sobre la calle Honduras) me recomendó que leyera a Vladimír Holan. Mi sorpresa fue inmensa: la noche anterior Estela (mi mujer) me habló de Holan y de su Praga natal al igual que Rilke y Kafka.
Tesei me leyó un fragmento de un poema de Holan:
""¿Cómo no ser?", te preguntas y hasta acabas por decir en voz alta... Pero el árbol y la piedra lo callan, aunque ambos son hijos de la palabra y por tanto mudos, ya que la palabra se asusta de ver lo que ha sido de ella..."
Hablamos de poesía. De los poetas latinoamericanos. Me dijo que admiraba a Aldo Oliva y que Mark Strand le parecía insuperable. Le aclaré que Strand era Canadiense. Y me dijo (mientras se servía otro whisky): "Sí hubiera nacido en Buenos Aires o en Lima su poesía tendría la misma fuerza".
Tesei tenía un poder de convencimiento arrollador. Cuando salí de la librería algo en mí era distinto (¿el gusano?). Llegué a Plaza Italia y me senté en un bar sobre la calle Oro. A pocos metros había (y hay) un hotel alojamiento y más allá dos mujeres y un travesti se amontonaban entre las ventanillas de los automóviles. Entre tarifas y demás -y después de beber mi cuarta pinta- me imaginé haciendo el amor con las tres. Me imaginé pagando una habitación doble, sin bidet, con una ducha precaria, con olor a semen, con una alfombra podrida. Haciéndolo sin nada que perder.
Salí del bar. Me acerqué a ellas y les pregunté sí conocían a Vladimír Holan.
Risas.
- ¿Quién?
Repetí: Vladimír Holan.
Otra voz:
- Dejate de joder, papi ¿Hacemos algo? No me digas que sos celoso.

No sé bien qué pasó. No importa. Estaba lo suficientemente ebrio para hacerlo hasta el final o para sacar una cuarenta y cinco y volarle la cabeza a todo lo que se me topara.
Me acordé de Tesei y de lo que me había contado de su infancia y de sus poetas. Entendí que sin lugar a dudas también Vladimír Holan podría haber nacido en Buenos Aires o en Lima y nada de eso hubiera alterado su poesía y que también lo hubiera hecho con las tres y que hubiera disparado a diestra y siniestra contra todo intento de felicidad.

sábado, 5 de febrero de 2011

Coghlan


La vi cruzar por la esquina de Congreso
con sus ojos vivaces
con un amor escondido
la vi
ir para el Partido
con un discurso igualitario
con palabras de amor
era tarde
yo estaba sentado
en esa vereda
4 p.m
la estación de servicio
tenía un aura fantasmal
un automóvil
esperaba combustible
“gasoil”
y supe
que ese fantasma rondaba por el barrio
como si todo hubiera estado en el mismo lugar:
la cama a medio hacer
el olor a marihuana de los dedos
el olvido

jueves, 3 de febrero de 2011

Texas (poemas)


Decidí publicar un poemario llamado Texas. No sé bien por qué. En realidad sí. Pero creo en el silencio de una respuesta y en la astucia de ciertos lectores. Texas responde a un espacio vivo, temporal, anónimo. Quizá la experiencia de haber vivido un tiempo allá (Austin, Texas), quizá esa sensación de que quedaba algo por decir, escribieron los poemas. De eso se trata la poesía. Creo.

La fecha de presentación está todavía en cuestión. Primera semana de Marzo, en Buenos Aires y última semana de Marzo en Córdoba. Después habrá más detalles.

C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...