domingo, 28 de noviembre de 2010

Paul Celan

Accesible, cercana y no perdida, quedaba en medio de todo lo que había que perder, esta única cosa: la lengua. Ella, la lengua, permanecía no perdida, sí, a pesar de todo. Pero le fue preciso entonces pasar por sus propias ausencias de respuesta, pasar por un terrible mutismo, pasar por las mil espesas tinieblas de un habla mortífera. Pasó sin tener palabras para lo que había ocurrido. Pero pasó por el lugar del Acontecimiento. Pasó y pudo regresar de nuevo a la luz del día, enriquecida de todo ello. En este lenguaje es donde, durante aquellos años y los años posteriores, he procurado escribir poemas: para hablar, para orientarme y aprender y saber dónde me encontraba y adónde tenía que ir para que alguna realidad se esbozara para mí. Era, como ven, acontecimiento, movimiento, andadura, era la tentativa de conquistar una dirección.

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