lunes, 4 de octubre de 2010

La Venus de las pieles



¿Habremos condicionado ciertos y determinados actos este día (lunes)? Es decir: la hora en la que abrimos los ojos. El mate que tomé antes de salir. La disposición de la ropa en los cajones.
¿Habrá sido todo una casualidad? Un tren cargado en la hora pico. Mi apuro de llegar rápido a casa. Gente y más gente en el último vagón. Apretados (todos) entre los vaivenes del furgón. ¿Seremos parte de un ritual? Digo: el hecho de habernos encontrado ahí pegados (casi cuerpo a cuerpo) con mi Venus de las pieles? ¿Cómo puede ser? me dije, en el instante en que me topé con su distinguido cabello rubio.Sí. Era ella.Estábamos de nuevo en un viaje simbólico (y físico) contracturados entre extraños, cruzando vías y recuerdos. ¿Cómo? sí por esa mujer me desvelé noches enteras, viajé kilómetros hasta un pueblo para adorarla como a una diosa caída entre los hombres. Cómo pude arruinar las cosas y decir "otras" para ocultar "otras" y dejarme llevar por un pasado mal parido. Cómo estábamos ahí parados en ese porvenir efímero. Cómo. No sé. O no quiero encontrarle una lógica a un suceso imposible de cuantificar. Darle un nombre sería un truco. Nos vimos y ella sonrió como antes y esa sonrisa me llevó a ese pueblo en el que nos escapábamos ciertos fines de semana y a esa casa de techos bajos y ventanas con marcos verdes y a esa cama con ese colchón hundido. Y esa sonrisa cruzó kilómetros y regresó a este espacio literario. Ella volvió a reírse y me preguntó qué hacía viajando a esta hora y dije o creí decir que estaba trabajando en una librería de barrio Norte.
Hubo un silencio y tal vez una mirada y quizá un acierto de verdad en todo lo que pasó pero esos minutos eran los brazos de un reloj interno que se detuvo tiempo atrás. Y pude preguntarle sí había leído "La Venus de las pieles".
Y antes de bajarme del tren le di un beso y ella corrió de más la cara y me dijo: "tenés que escribir esto".




1 comentario:

lula dijo...

Celebro que lo escribiste.