jueves, 30 de septiembre de 2010


Volví a las calles de Buenos Aires. A recostarme en la barra de un bar y ver cómo una mujer me sonrié y darme cuenta de que no puedo devolverle un gesto sin malicia, sin dejar de imaginarla desnuda o con una bombacha transparente lamiendo los espejos. Me cautiva la errancia y el suspenso de eso que se hace sentir como soledad. Ese gusano multicolor que florece entre los dientes. Entonces pienso que todos los dioses nos han abandonado y que los recuerdos son especulaciones metafísicas.
La lógica de Wittgenstein no falla.


1 comentario:

wolfii dijo...

no entendi mucho tu entrada, soy sincera xd
saludos :)