domingo, 19 de septiembre de 2010

El encargado de la librería Norte es uno de los mejores libreros de Buenos Aires. Es más: es un gran poeta. Un amplio conocedor de la poesía argentina, inglesa, norteamericana, rusa, árabe. Estoy seguro que Roberto Bolaño se hubiera detenido a conversar con él y tal vez ese encuentro hubiese sido inolvidable para ambos. Quedan pocas librerías así con libreros así y con poetas así. Expertos en la materia dicen que el encargado de la librería Norte es uno de los mejores poetas de ese generación experimental de los noventa. Superior a Fabián Casas por ejemplo. Esos son algunos de los rumores que se escuchan entre los pasillos de Norte. Lugar en el que trabajo hace una semana y en el que me encontré con todas las sensaciones posibles: cansancio, alegría, tristeza, entusiasmo. Deben ser los años que tienen en sus hombros esas instalaciones cuyo fundador -Héctor Yánover- trabajó hasta sus últimos días, los que ejercen una presión táctica. Los libros parecen ejercitos hambrientos de lectores. El encargado de Norte (este poeta sorprendente) tiene las contradicciones típicas de esos puestos fantasmales: manías, un ejercicio fútil del poder (Andrés: guardá Onetti en la "O" de Latinoamericanos), usa casi en simultáneo dos anteojos (uno para ver los libros y otro para leer lo que esos libros sugieren), organiza reuniones para consolidar su liderazgo (¡poetas despierten!): "hoy discutiremos el criterio para buscar y ordenar el depósito", siente una fascinación por recomendar títulos exóticos y ver cómo el rostro de los clientes se transforma cuando ese autor es un total desconocido y a la vez un gigante de las letras. Mi horario es cómodo: llego temprano y me voy a media tarde. El encargado (este gran poeta y hacedor) llega cerca del mediodía con su bolso cruzado, su paso de héroe legendario y una mirada que dice: "Ah, mirá se vendió La caja de Houdini, de Phillips". No cabe duda que la librería Norte es una academia. Por las mañanas está la hija de Yánover (Débora) una mujer que puede ser encantadora como monstruosa. Habla gritando y sonriendo. Algo rarísimo. En lo que a mi respecta me parece un personaje genial a pesar de sus disparates. Creo que fue en mi tercer día de trabajo cuando escuché una discusión abismal entre Débora y Mariana (una librera con venticinco años de permanencia en el sitio y una memoria asombrosa. Una mujer que dedicó años de su terapia para hablar de Norte y sus fantasmas): se injuriaban por una birome: ¿Cómo puede ser que las biromes desaparezcan? ¿Cómo no te colgás la birome en el cuello, así no la perdés? La discusión tomó un matiz tan nítido que se convirtió en algo ridículo.
Clientes que se deleitan con libros y autores. Libreros que hace años están detrás de un mostrador lustrando tapas y consultando catálogos, desarrollando una memoria casi demencial, acrecentando manías, fobias y filias.
Norte es una especie de rizoma del Instituto Benjamenta de Walser: lo inútil es lo bello por excelencia.

2 comentarios:

Manucho dijo...

Andrés, siempre leo tus entradas, y me gustan. Voy hacerte una crítica abierta, porque sé que vale la pena. Un escritor no debe ser complaciente, debe ser fiel y traidor.
Me encantaría leer una reescritura.
Un abrazo y me alegro de tu nuevo sitio en el mundo-

costa sin mar dijo...

ese pinche casas!!!!!!!!!!!!!!!