jueves, 30 de septiembre de 2010


Volví a las calles de Buenos Aires. A recostarme en la barra de un bar y ver cómo una mujer me sonrié y darme cuenta de que no puedo devolverle un gesto sin malicia, sin dejar de imaginarla desnuda o con una bombacha transparente lamiendo los espejos. Me cautiva la errancia y el suspenso de eso que se hace sentir como soledad. Ese gusano multicolor que florece entre los dientes. Entonces pienso que todos los dioses nos han abandonado y que los recuerdos son especulaciones metafísicas.
La lógica de Wittgenstein no falla.


martes, 28 de septiembre de 2010

Cerdo. Anne Sexton.

Oh tú máquina de tocino marrón,
cuán dulcemente yaces,
engordando una libra y media por día,
tú, par de calcetines enrollados,
tú, pesadilla de perro,
tú, con el morro aplastado
pero las orejas extendidas,
tus ojos blandos como huevos,
cerdo, grande como un cañón,
cuán dulcemente yaces.

Por la noche estoy tendida en mi cama
en el armario de mi mente
y cuento cerdos en un corral,
marrones , moteados, blancos, rosados, negros,
avanzan por la lanzadera hacia la muerte
del mismo modo que mi mente avanza
buscando su propia pequeña muerte.
Ella sale y alguien la espera. Y ese alguien es espiado por un interlocutor mudo. Ella sonríe. No solo a ese alguien sino a la especulación de la espera. Un árbol se oculta entre la figura y el cuerpo. Todo es un velo del espía. Él susurra entre macetas palabras muertas.
Ella se acuesta con ese alguien una y otra vez.
Menos el espía que vive detrás del significado como una fecha lanzada en la oscuridad.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Para H.M

Hombre ruido
Hombre sucio
Hombre desvalido
Hombre silla
Hombre mesa
Hombre ano
Hombre amor
Hombre muerte

Hombre arpón
Hombre iceberg

Hombre caníbal

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Gallo


Al tipo le duele la cabeza. Es temprano y las vidrieras del Abasto están sucias. El trabajo es temporal y el tipo se sienta detrás de un mostrador y ojea un suplemento deportivo. La gente anota su apellido en una planilla. Hace calor y la temperatura del Abasto alienta a los peatones a caminar más despacio. El tipo lee los avisos fúnebres, come galletitas y desconoce si Gogol vivió en Rusia o en Sarandí. Las cosas suceden de este modo: aumenta la sensación térmica, un perro labra y alguien pregunta cómo fortalecer los tríceps. Entonces eso que se llama metafísica modifica la honestidad de las palabras y el tipo (lejos) enciende el televisor y se entera (sin sorpresa) que la Hiena Barrios atropelló a una mujer embarazada.
Todos como homos erectus entre latitudes y longitudes, entre lo que puede denominarse: instinto de supervivencia.

domingo, 19 de septiembre de 2010

El encargado de la librería Norte es uno de los mejores libreros de Buenos Aires. Es más: es un gran poeta. Un amplio conocedor de la poesía argentina, inglesa, norteamericana, rusa, árabe. Estoy seguro que Roberto Bolaño se hubiera detenido a conversar con él y tal vez ese encuentro hubiese sido inolvidable para ambos. Quedan pocas librerías así con libreros así y con poetas así. Expertos en la materia dicen que el encargado de la librería Norte es uno de los mejores poetas de ese generación experimental de los noventa. Superior a Fabián Casas por ejemplo. Esos son algunos de los rumores que se escuchan entre los pasillos de Norte. Lugar en el que trabajo hace una semana y en el que me encontré con todas las sensaciones posibles: cansancio, alegría, tristeza, entusiasmo. Deben ser los años que tienen en sus hombros esas instalaciones cuyo fundador -Héctor Yánover- trabajó hasta sus últimos días, los que ejercen una presión táctica. Los libros parecen ejercitos hambrientos de lectores. El encargado de Norte (este poeta sorprendente) tiene las contradicciones típicas de esos puestos fantasmales: manías, un ejercicio fútil del poder (Andrés: guardá Onetti en la "O" de Latinoamericanos), usa casi en simultáneo dos anteojos (uno para ver los libros y otro para leer lo que esos libros sugieren), organiza reuniones para consolidar su liderazgo (¡poetas despierten!): "hoy discutiremos el criterio para buscar y ordenar el depósito", siente una fascinación por recomendar títulos exóticos y ver cómo el rostro de los clientes se transforma cuando ese autor es un total desconocido y a la vez un gigante de las letras. Mi horario es cómodo: llego temprano y me voy a media tarde. El encargado (este gran poeta y hacedor) llega cerca del mediodía con su bolso cruzado, su paso de héroe legendario y una mirada que dice: "Ah, mirá se vendió La caja de Houdini, de Phillips". No cabe duda que la librería Norte es una academia. Por las mañanas está la hija de Yánover (Débora) una mujer que puede ser encantadora como monstruosa. Habla gritando y sonriendo. Algo rarísimo. En lo que a mi respecta me parece un personaje genial a pesar de sus disparates. Creo que fue en mi tercer día de trabajo cuando escuché una discusión abismal entre Débora y Mariana (una librera con venticinco años de permanencia en el sitio y una memoria asombrosa. Una mujer que dedicó años de su terapia para hablar de Norte y sus fantasmas): se injuriaban por una birome: ¿Cómo puede ser que las biromes desaparezcan? ¿Cómo no te colgás la birome en el cuello, así no la perdés? La discusión tomó un matiz tan nítido que se convirtió en algo ridículo.
Clientes que se deleitan con libros y autores. Libreros que hace años están detrás de un mostrador lustrando tapas y consultando catálogos, desarrollando una memoria casi demencial, acrecentando manías, fobias y filias.
Norte es una especie de rizoma del Instituto Benjamenta de Walser: lo inútil es lo bello por excelencia.

viernes, 17 de septiembre de 2010

¡Despierta viejo Bob!

Cerró los ojos y me dijo: "morirás".
Una voz abismal, una habitación vacía, dos cuerpos desnudos y distantes. "Será esta madrugada". Volvió a decir. Y pensé que antes de morir debía hacer algo que me hiciera feliz. "Pero de todas formas morirás". Dijo otra voz desde otro lugar. Esa voz y ese espacio eran parte de un deseo inmenso de escapar, de llegar a un sitio desconocido manejando un automóvil viejo, de pedir una llave, tirarme en la cama y encender la pantalla: "En la calle X se abrió una tienda de ropa usada" y ser consciente de que nada de esto hubiese ocurrido si esa mujer no me hubiera ordenado morir.
El automóvil está en el parking del motel. El calor despierta la curiosidad de los insectos. Un hombre corpulento me golpea hasta el desmayo. Y recién acá me siento un verdadero muerto: escucho la propaganda de una gaseosa dietética.
No espero a nadie.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Soñé con el Parque Sarmiento y con mi abuelo Juan que me esperaba en el kiosko con la mirada perdida. Soñé con su muerte y con la muerte de todos los que estuvimos alguna vez sentados sobre ese mostrador de aluminio atado con alambre. Soñé con el viejo Martinez y con su bicicleta, con sus broches en el pantalón y su bigote blanco. Soñé con el colegio Castelli y con voz ronca de Caro (el director) y con sus uñas largas y sucias sobre la mesa redonda del almuerzo: "Boiero coma todos los ravioles". Soñé con esas guerras de panes y con las garras de agua que nos dejaban las cocineras y con nuestras peleas por quién conservaba más agua entre trago y raviol. Soñé con las putas de Montevideo, con Alejandra que me abrazaba y me decía que toda pesadilla termina con una larga caminata por el río. Soñé con mi perra Adelaida, con sus garrapatas y sus bolas de pelos entre las ojeras.
Llovía y no me encontré ni con Kafka ni con Arlt ni con ningún otro maldito. Sólo éramos los mismos de siempre: unos pobre locos que bebían un poco de ron para seguir adelante.


sábado, 4 de septiembre de 2010

El grito

La diferencia entre el día y la noche: otra claridad. Y si uno se aproxima a lo más claro verá un paisaje salvaje lejos de una cartografía aleatoria. La oscuridad de la lengua reside en los tonos en los que hablamos y en el cómo esas palabras provocan el derrumbe.
Vivir en el derrumbe siendo aquello que se derrumba ante los ojos de la Ley. Artificio, truco en el cual nos perdemos en el significado de algo que jamás ocurrirá. De ahí el recuerdo y lo intangible de la posibilidad de estar en el mundo de otra forma. Sensación de golpe. Hematoma del ser en el tiempo. Torpeza.
Lengua que anhela escapar del texto.
"Destino indeciso, que por lo tanto queda siempre incumplido". Blanchot.
Murmullo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Philip Larkin

Poema XVI

A la una la botella está vacía.
a las dos el libro al fin cerrado,
a las tres los amantes ya duermen dándose la espalda terminados el amor y su comercio,
y ahora las luminosas manecillas indican que son más de las cuatro,
esa hora de la noche en la que los vientos errantes agitan la oscuridad.

Y estoy harto de este insomnio,
tanto que casi puedo creerme que el silencioso río que sale a chorros de la cueva,
no es poderoso ni profundo,
tan solo una imagen,
una metáfora forzada.
Me acuesto y espero a que llegue la mañana,
y con ella los pájaros,
y los primeros pasos que bajan por la calle sin barrer,
y las voces de muchachas protegidas con bufandas.

C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...