viernes, 27 de agosto de 2010

Love is a shield


Carreteras. El motel con esas luces encendidas en los pasillos de Texas. El tipo que trae una pizza y otro que lo recibe con la puerta a medio abrir y una pc con una película porno. Dos tipos que lo hacen mientras el repartidor espera al cliente y silba una canción desconocida.

Carreteras. Sophia Podolski y el suicidio de una mujer joven (hoy por ayer dijo Roberto: "tendría 27 años mi edad") y las discusiones fronterizas entre enmascarados y Zetas en algún lugar olvidado. Titulares: "encontraron 70 cuerpos atados y baleados sobre un paredón. Los polis dicen que eran indocumentados". "Nada es tan cierto como la soledad". Dijo otro de los polis mientras mascaba un chicle violeta.

Carreteras. Estoy en los Perros románticos casi a punto de cerrar y un amigo dice que yo me enamoro de personas que no entienden el amor y digo que no hay razón que justifique ciertos métodos.

Carreteras. Pienso que el acto de escribir es invisible y que ciertos escritores son como las olas del mar: aparecen y desaparecen y nadie los conoce.

Carreteras. 3 medidas de tequila en Zacatecas frente a un espejo quebrado (la yeta está en otro lado) y una mujer de tetas enormes y un tipo que se toca mientras se imagina a esa mujer entre su erección y el consuelo. Y ese tipo es todos los tipos. Todos los hijos de puta que andan con la verga suelta y el revólver en la cintura.

Carreteras. Hay que seguir de cerca a Luis Gusmán.


kitsch


Eso que se dice amor: ella recalca la palabra "kitsch". Hay una barra y un bar y ella habla de viajes y dinero. Y después de mucho tiempo algo te dice: "Hasta acá, Andrés".
Te importan un carajo las tetas y los culos y esos departamentos en la calle Arenales. Pero: "Tenés amigos millonarios". Hay tragos de más (¿alguna vez hubo tragos de más?).
La noche es otra de las grandes mierdas del capitalismo: pero de algo estás seguro: no hay vuelta atrás.
En Texas, hace tiempo, un amigo te dijo: "Yo me moriría en México". Entonces como si todo fuera parte de una película de clase "B", tu miembro invade la pantalla y los forasteros se pelean por unos pocos segundos de fama.
Y acá está el asunto: Ser el terror lejos del terror.
Corten.

viernes, 13 de agosto de 2010

On the line


Mujeres en el periódico de Chihuahua. Una voz casual. El tipo dice lo que le gusta hacer. Hay risas y se escucha una ranchera de fondo. El tipo aclara que lo hace por atrás únicamente y que el precio es lo de menos. Hay una duda con el carácter del tipo pero la voz le dice cómo llegar al sitio. El tipo anota. Usa un bigote prolijo y tiene las uñas de las manos sucias. Estaciona su mierda cerca del lugar y camina dos o tres cuadras hasta encontrarse con una puerta negra con una pequeña lucecita roja. Golpea y empuja. Una reja frena los primeros pasos del tipo. Otro timbre y la voz (la misma) grita: "ya va". La reja se abre y una escalera blanca de pocos escalones lo separa del primer piso. En las paredes hay fotos de mujeres con pechos exuberantes. El tipo se la acomoda y se sienta en un sillón con tapizado de leopardo. Una mujer le alcanza una medida de tequila. El tipo paga. Bebe y entra en la habitación. Hay poca luz y se escucha el ruido de unos tacos que se acercan. El tipo tiene la cosa afuera. Es venosa y ancha. Detrás hay una estampita de la Virgen de Guadalupe pegada en la ventana. Una mujer entra y acaricia la cosa del tipo. Ya de espaldas el tipo hace todo lo que quiere. Maneja el cuerpo de la mujer con desprecio. Termina y la muchacha sale de la habitación corriendo. El tipo se viste mientras mira la estampita de la Virgen. Escupe. No sabe cuándo ni cómo entraron esos dos sujetos en la pieza. No pudo defenderse de los golpes y las patadas, de esa violencia cuando le bajaban los pantalones, cuando se la ponían y se la sacaban como si estuviera saldando una deuda con el demonio.

Border taxi 775-8927


No hay un atrás. Tampoco: "un no sé". La tarea empieza en un lugar y termina en otro. Pero ese lugar y esa tarea son expresiones de un ojo pasante que no deja un espacio para la palabra. Y el tiempo va y viene desde un no sé dónde, desde un acá o allá y pocas cosas interfieren en las órdenes divinas. Hay una tristeza tácita. Una tristeza sin tregua. Entonces los bares y las paradas ocasionales son los únicos sobrevivientes. Un sujeto se apoya en el mostrador y dice venir de ¨allá" y nadie pregunta y pocos se miran los rostros agujereados por la soledad. Y esa mujer todavía está en el corazón como un gusano negro. El sujeto bebe sus medidas y sabe que lo sigue es un camino curvo, una ciudad, unos disparos y una lectura fútil. Entonces el recuerdo del gusano asume un rol maldito.Hay trompadas y carajos. Baila el acero en la carne. Y como si todo fuera un presagio de los más fuertes: esa mujer lo hace con los polis.
Tijuana está a kilómetros y el sujeto conduce su Oldsmobile modelo 72. Hace un juego de luces y acelera.


Acá está el asunto...


miércoles, 11 de agosto de 2010


Iba y venía en su bicicleta. Era muy delgado, usaba casi siempre musculosas blancas o negras, pantalones pinzados y un calzado de cuero muy elegante. El pelo lo tenía largo medio gastado como si hubiera vivido años cerca del mar. Creo que una vez me dijo que estuvo una larga temporada en Río de Janeiro. La primera impresión que causaba era extraña: tal vez el bigote bien cortado, la piel oscura, sus rasgos árabes, daban la sensación de estar frente a un exiliado, a un tipo que trataba de esconderse de una terrible persecusión. No sé por qué tuve siempre esa intuición. Me recordaba esos personajes de Salgari o a esos sujetos solitarios, tristes, enamoradizos de los que tanto escribió Onetti.
Cuando decidimos abrir la librería (hace ya cuatro meses), él se presentó como el letrista que iba a darle su toque artístico al lugar. Y así fue. Pintó las letras del frente del local con un entusiasmo único: bailaba, me pedía algunos libros para leer mientras bebía algunas medidas de ron. Nelson se convirtió en el alma de Los Perros Románticos. Todas las mañanas llegaba puntual, vestido con su musculosa y sus pantalones pinzados, entraba la bicicleta al local y me saludaba afectuosamente con un beso. Me hablaba de mujeres, de sus amores eternos por ciertos detalles femeninos: las manos, los pies, las piernas. Nelson pintaba y soñaba con encontrar una compañera para compartir sus aventuras. Tuvo (según me dijo) varias: a una le decía la Judía y la describía como un gran amor pero como una mujer fría que pocas veces le demostró afecto: "Andrés: en seis años que viví con ella todas las mañanas le llevaba el desayuno a la cama". Eso lo dice todo o tal vez para mí era una señal de que estaba frente a un árabe sensible que necesitaba el refugio de una mujer. La librería la dejó impecable: hizo las caricaturas de Bolaño, pintó dos rayuelas sobre una pared y terminó magistralmente las letras: "Los Perros Románticos". "Books". "Libros". "Honduras 5275." Después apareció algunas noches a beber algo: subía hasta la librería, me saludaba y me preguntaba por algún libro de arte.
Pasaron algunos meses y me lo crucé en otro negocio: tenía la cara hinchada y lo ví más delgado y casi sin fuerzas.
Me dijo que tenía una especie de infección "media extraña" y que los médicos le habían recomendado reposo. Igual iba y venía con la bicicleta como si todo estuviera en su lugar. Un día nadie lo vio más.
Conocidos en común decían que estaba internado en el Hospital Pirovano. Lo llamé a su celular y estaba fuera de servicio. Me enteré que había muerto y que estuvo peleando con un cáncer durante muchos años.
Mientras escribo esto miro las letras que me legó y las palabras que todavía están tomando un ron. Estoy casi seguro que allá estará haciendo sonreír a los amos de ese mundo.

Iba y venía en su bicicleta...


C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...