jueves, 20 de mayo de 2010

Puede ser que sea jueves y que como todas las tardes este sentado en una librería esperando que alguien entre y me compre un libro o que alguien me haga irritar tanto como para romperle la cara de un solo golpe. Puede ser que tanto la librería como ese supuesto "alguien" estén dentro de una nave espacial o sean un compartimento de un platillo volador y que yo en realidad este aquí como un conejillo de indias y que todo sea una conspiración o un experimento digitado por las leyes del universo. Por lo tanto es posible que hoy sea jueves y que los extraterrestres existan y que yo sea el tipo que esta sentado en el entrepiso de una librería de Palermo. Pero si de algo estoy seguro es que esa mujer que entró (hace instantes) tenía entre sus manos un libro extraño, con un título aun más extraño y su campera dejaba entrever la punta de una especie de aleta semejante a esas que tienen los peces peligrosos. Y no fue este descubrimiento lo que me hizo preguntarle qué leía o qué hacía por acá. Entonces entró ese tipo que me sacó de las casillas y no dudé en dejarle el rostro cubierto de sangre, mientras ella sonreía o parecía que sonreía y nunca pude saber si llegó después de un resplandor, de un temblor abismal que me hizo tirarme al suelo para cubrirme del derrumbe de las estanterías, de los libros que caían y de los ataques de unos mutantes que surgían del piso como en las películas de ciencia ficción y entre tanto delirio sentí que algo despegaba con una potencia nunca vista y que ese algo hacía un ruido ensordecedor y segundos después estaba sentado en la librería, fumando una pipa, mirando el calendario como si fuera jueves y una mujer subía las escaleras con un libro en la mano y atrás había un sujeto que parecía el novio o el amante y como si todo fuera un presagio miré por la ventana sin preocuparme por nada.

2 comentarios:

Nalda dijo...

Puede ser pero puede no serlo.

Un besote

gaston dijo...

buenisimo.