miércoles, 14 de abril de 2010

Reduje mi biblioteca a unos cuantos libros casi necesarios. Digo: jamás podría dejar de leer a Blanchot, Bolaño, Heidegger, Celan, Onetti, Foster Wallace, Lowry, Bukowski, Dylan Thomas y Benn. No sé por qué pero esos tipos me sacuden el alma y cada vez que los indago aprendo más sobre el arte del silencio: estar solo, fumando en una habitación pequeña con pocas obligaciones y grandes torturas. A esos tipos los dejé intactos; después saqué casi quinientos libros y traté de sanear un poco esa neurosis acumulativa de autores y autores. Ya no me necesitan. Es decir: las cosas giran y los ejes topográficos del ser están en otra dirección. Con las pipas me esta pasando algo similar (aunque no regalé ni vendí ninguna) con dos me conformo.
Ahora mi casa recobró sus paredes que son como las aulas serenas del instituto Benjamenta: sólo quedaron rasgos de una antigua servidumbre.

2 comentarios:

javier dijo...

abrazo desde guatemala

Na dijo...

Me gusta la idea de los libros necesitándonos. Toda esa idea de que los libros cobran vida cuando alguien los lee. Miro los míos y me los imagino gritando mudamente que los relea, que los saque del letargo.

Lindo acomodar libros.

Saludos