jueves, 8 de abril de 2010

El polaroid cubre el rostro de la muchacha. La habitación es oscura y sobre una diminuta mesa hay un libro que no conozco. Puedo decir pocas cosas de la muchacha: es alta, tiene un tatuaje en la pantorrilla y le gustan las galletitas de chocolate. Un gato salta en un rincón sin sombra y por primera vez tengo ganas de abrazarla.
La muchacha se levanta y me muestra un cuaderno. Leo:

“no hay cielo
entre barrotes
lejos
un puñado de alpiste
cerca del ave”


¿Qué es un polaroid? Le pregunto a la muchacha y como si todo estuviera sumergido en un océano de signos, pude entender que el poema es una anatomía atroz atrapada en la magia de la literatura.

¿Qué es un polaroid?, repito y me doy cuenta que la habitación esta vacía y que nada puede salvarme de la muerte y de esos actos irrespetuosos de la naturaleza.

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