martes, 2 de marzo de 2010

Lacan

Algo duele en el pecho. Bien adentro. Como si una langosta escarbara una piedra. Tira. Empuja. Los ojos se llenan de lágrimas y cada día detesto más a los intelectuales. Eso digo pero no es así: una de mis tantas contradicciones. Subo una escalera caracol y el analista cruza las piernas y espera el salto del león. Lloro hasta cansarme. Así casi todas las noches. Pierdo el afán de sentirme parte de las cosas: “tenés que enamorarte nuevamente de vos”. Creo menos en el amor: pienso que el otro convive en un espacio curvo: el centro es neutro. El analista tose. Hablo de mi padre (me acuerdo de un cuento de Conti). El pibe en el muelle. La confusión. "El pajarito"
No puedo ser feliz.

1 comentario:

Alfonso Huerta dijo...

Tal vez sea que cada día depende más de los intelectuales y por ello cada día le resultan más insoportables, a la luz de lo cual ya no habría contradicción. Saludos Andrés