jueves, 18 de marzo de 2010

La novela esta suspendida en la página cuarenta. No sé cómo seguir. La muchacha (uno de los personajes principales) me dice que todo escritor es de alguna manera un impostor. Digo que sí sin saber muy bien a qué se refiere. En la novela ella llegó a una estación de tren y así completa el esquema de una fuga: un pasado poco feliz, un hombre tosco (que se adueña de su cuerpo) y dos hermanos obsesionados con una supuesta llegada de Cristo. La trama es una persecución feroz. La muchacha me dice que desea estrangularse en el mismo hotel donde se mató Andrés Rivas. Sigo sin entender. Los hermanos (el Mayor y el Menor) leen los versículos de San Juan y piensan que Cristo bajará de una escalera dorada y que su primer parada será en plaza Italia, cerca del bar Le Bretón. El perseguidor es perseguido por una homosexualidad reprimida.
La novela se llama (hasta hoy) “Y las balas llegaron tarde”. Los personajes conviven con un fantasma: un animal que fue degollado frente a ellos y todos comieron parte de ese cuerpo, en un magnífico asado. El animal resucita en cada personaje de manera distinta.
Me entusiasma la idea.

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