viernes, 5 de marzo de 2010

El que hablaba con Nadie

El que hablaba con Nadie pidió una cerveza. Al lado estaba Descartes y un poco más allá la viuda de los ojos claros. Los tres eran en un principio un paradigma. El que hablaba con Nadie esperaba su merecida bolsa de la medianoche. Un taxi le hizo luces y casi de inmediato se perdieron en el asunto. Descartes trató de convencer a la viuda de los ojos claros para que lo acompañara a su casa. Las cosas suceden de otra forma. Más cuando el desvelo es un castigo y el bar está vacío y la angustia no da tregua y en las esquinas los recolectores de basura le chistan a los enmascarado.

1 comentario:

Crisstina Carrillo dijo...

un tiempo sin venir por acá...que grata sorpresa tus últimos post...

un abrazo desde aquí.
Criss