lunes, 11 de enero de 2010

Witnness

Pocos han visto a las vírgenes emplumadas pagar sus whiskys con las treinta monedas de la traición. El mundo es eso que no ves: esa amargura del mar abriéndose a los lejos. Lo que se ve es “tu” mundo y de ahí la eternidad tiene sus santos y sus velas. Entonces el hombre de pelo negro se presenta una tarde y dice ser tu padre y detrás de la ventana estalla el acontecimiento como si al “después” le faltaran disparos.
Tus manos en los bolsillos y la soledad del que está en otra parte: un puerto, la lucha con el idioma, el bar de la calle Powell. El padre abre con las blancas y a las negras sólo le resta defenderse.
Una travesura, digo, eso de andar por ahí con la muerte.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La muerte es sin duda un ajedrez, la vida el cuadrilátero damero, San Pedro ahí en ese Caravaggio sin creer la herida de Cristo, no dejemos que nos hagan jaque, que la huesuda se demore por calles al azar, seguiremos aquí escabulléndonos y la esperaremos aquí con el Ron en la mano.
Primo

Nalda dijo...

Hay tanto mundos como personas...

Abrazos

Pancake dijo...

La soledad de aquél es el consuelo de otro.