miércoles, 20 de enero de 2010

Gallo


Acá (al lado)
hay una casa de sepelios que se apellida Gutiérrez
más aún
un balcón y un cactus
y una señora sorda que pasea un perro

los óbitos entre “nos”
chistes verdes para acalambrar la risa

“Andrés”
“Boiero”
“Nelsón”

placas para el alfabeto de la tierra

todos dentro de un barrio

hasta los dedos de ese tipo
que cepilla los cardos
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Paredes blancas y amarrillas
una escalera con un descanso alfombrado
pocas plantas
una caja eléctrica con tapones
en desuso

la máquina que pule los bíceps
y otras
atrocidades periféricas
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El movimiento de la mañana
en el barrio del Abasto

el camión que se detiene
en las manchas de café

dos gruesas voces
que te dicen dónde
buscar trabajo

un reloj que pocos miran

esos caprichos de la decencia….

todos hablan
en esos porteros
con cien botones

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Algo empieza tarde

la juventud de los papeles impresos

esa Nada caminando por la calle Gallo
a las siete y media de la mañana

ese “algo” tras un nombre
ese apellido que tuerce
la boca
cuando enmudece
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Cayó
desvanecido
en la confluencia del aire
pardo del Abasto

el profesor del kimono azul
hace una llave
implacabe
en el cuello del adversario
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Las manos tiemblan
en el amasijo
a las seis de la mañana
después de una hora de tren
un mate apurado
una mujer que no está
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Él sintió que la amenaza estaba cerca
sobre aleta de esa infancia
en los colmillos del padre
detrás del vientre de la madre

él pidió un café con leche
y sobre la pantalla del Abasto
dos almas
pagaban
con cien dólores
por su cuerpo

1 comentario:

susana dijo...

Descripción, crónica, no se pero te leo y me fascina, me encanta tu lírica, la visión de lo cotidiano, de la vida, la muerte,me gusta mucho como escribis. placer pasar por aqui. Un abrazo.