jueves, 3 de diciembre de 2009

Una habitación vacía y la figura del muchacho deformada por la perpendicularidad de la ventana. El muchacho, lejos de toda excentricidad, mira el reloj e intuye que la muchacha jamás regresará.
Las paredes del Motel son húmedas y él está lejos de casi todo lo que lo había visto crecer: ese molino, ese perro, esa galería con la foto del General, ese florero con las uvas de vidrio.
El muchacho se recostó en el piso y como si las cerámicas fueran la corriente de un río caudaloso, se dejó arrastrar hasta quedarse dormido. Con los brazos en cruz, en calzoncillos y con un tórax ligeramente hundido, se abandonó a ese umbral primitivo de la nostalgia.
La oscuridad lo devoró.

4 comentarios:

Nalda dijo...

Este texto también se corresponde con la imagen del anterior...

Un besito

Djuna dijo...

la espera siempre termina en una oscuridad que no sirve vino sino redadas!

Prado dijo...

lo vi respirar, moviendo el diafragma.

susana dijo...

Esperar en vano, es morirse sin advertirlo. un exilio mas en la vida de ese muchacho.