jueves, 10 de diciembre de 2009

Recursos (h)umanos

Los Jefes te llaman al orden. Algo así como para seguir detrás de las premisas: horarios, libros mal guardados, vasos tirados. Los Jefes no quieren perder dinero. A las diez de la mañana, entre cuatro paredes, los Jefes te piden que se cumplan las tareas (en ese instante pensás en irte lejos o en levantarte de la silla y romperles la cara a trompadas) tu silencio los incomoda, los Jefes te miran esperando una respuesta. Enfatisas algo para que el circo siga, para que ellos se queden contentos (por un rato) y puedan acumular sus mierdas en sus créditos hipotecarios. Por un momento (ya en calle y encendiendo la primera pipa de la mañana) te sentís como cuando tenías dieciocho años y trabajabas en ese depósito de ropa. En la esquina, el suspenso de la dicha te dice otra cosa. No hay lugar para la estupidez.
En la novela los personajes te abrazan.

1 comentario:

Nalda dijo...

Como siempre me han dicho "cuando seas jefe comerás huevos".

Abrazos