domingo, 13 de diciembre de 2009

Extraño es el caso del policía que jamás volvió a entrar en su propio bar después de la sorpresiva muerte de su padre. Sólo se limitaba a dejarse un poco la barba (una sombra) y a saludar desde la puerta. Los empleados trataron de seducirlo para que vuelva a sus tareas mercantiles. Los intentos fueron múltiples pero el policía se sentaba en las sillas de afuera, apoyaba los brazos en la mesa y se dejaba llevar por el tiempo. A media noche pedía una medida de whisky mientras fingía sonreír con los clientes.
También es llamativo que nunca se lo ve acompañado. Sólo el arma reglamentaria en un tobillo, la campera de cuero desabrochada, los ojos vacíos y la espera fútil de un diálogo ocasional.
Esa noche pude acercarme y pedirle fuego.

4 comentarios:

Djuna dijo...

me encanta lo inédito de tus escritos..

Anónimo dijo...

hoy vi "el secreto de sus ojos" y me acorde de vos

Nalda dijo...

Mientras tenga los ojos vacíos no cruzará el umbral.

Un besín

begusa dijo...

... y en el fondo del vaso de whisky vacío nunca encontraba el color que necesitaba...