miércoles, 4 de noviembre de 2009

No es de extrañar que el autor salga a caminar a la madrugada y se reclame esa conquista mínima de lo cotidiano. Entre tantas voces (los diálogos se repiten hasta el cansancio), una lo hace detenerse. Casi sin distinguir las formas, el autor, huye despavorido hasta encontrarse con esa mujer enmascarada.

1 comentario:

GUIZMO dijo...

¿Ese elefante blanco reconvertido en mujer enmascarada?

C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...