viernes, 13 de noviembre de 2009

Roberto Bolaño murió en la soledad más absoluta. Tieso en la cama de un hospital extranjero. Carente de ese hígado que nunca llegó. Roberto Bolaño segundos antes de su muerte habló con Pascal y con Parra y con Mario Santiago y con Lisa y con todas las dolencias de un escritor que lo dio todo por escribir por dejarle a sus hijos un legado y un destino.

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