viernes, 27 de noviembre de 2009


La muchacha se aleja de la pantalla. El actor esconde el revólver en un bolsillo. La imagen es casual: no hay testigos. Sólo la lluvia. Nada más.


Alguien busca un billete para comprarse un gramo. La muchacha te espera sentada en la puerta de un bar. Hay extranjeros y un tipo que vende imanes con la imagen de Marilyn.
La muchacha fuma. No hay mucho más por decir.


En el centro de la tristeza el minotauro te muerde el cuello. La poesía es una estupidez, dijo la muchacha. Alguien fuma. Extraño a mi viejo.

viernes, 20 de noviembre de 2009


El sospechoso
se abraza a una mujer pelirroja
en la barra de un bar desconocido

la mujer tiene un nombre para la noche
y otro en su tarjeta de identificación personal
ambos
son para el sospechoso
una paradoja

la mujer
viste un diminuto vestido marrón
que transluce la ausencia de ropa interior

el sospechoso le cuenta de una enfermedad
en el hígado y de su rutina de escritor latinoamericano

la mujer lo besa
y le dice que la soledad es para todos la misma cosa

el sospechoso
hace el amor con la mujer como si fuera
el último día de su vida

la mujer es inolvidable
el sospechoso también

viernes, 13 de noviembre de 2009

Roberto Bolaño murió en la soledad más absoluta. Tieso en la cama de un hospital extranjero. Carente de ese hígado que nunca llegó. Roberto Bolaño segundos antes de su muerte habló con Pascal y con Parra y con Mario Santiago y con Lisa y con todas las dolencias de un escritor que lo dio todo por escribir por dejarle a sus hijos un legado y un destino.
Me paso las tardes escuchando Cesária Évora. Apostando a los caballos perdedores. Jugando al ajedrez. Los médicos me encontraron algo en el hígado. Un detalle silencioso que me obliga a beber menos. La novela avanza. Tengo la sensación de que todo tiene un por qué y un cómo. Un no sé qué y un después.

El tiempo nos dejó sin espejos
estoy por ahí
pero no te encuentro

Sr Bolaño

En el centro del texto está la lepra.
Estoy bien.
Escribo mucho.
Te quiero mucho.
Los labios de la muchacha en el piso. La nariz de la muchacha en las axilas de la noche. Los brazos de la muchacha en la mesita de luz. Una habitación que se alquila por quincena. Un par de zapatos y una valija estropeada. La muchacha (que dice ser parte de la novela) dibuja en papeles de diario el cuerpo de un pez. La imagen es nítida.
La muchacha hace el amor con los ojos cerrados.

Algo así a las tres de la mañana

La sospecha de una soledad inalcanzable
sobre la calle Honduras
en los ojos de esa muchacha dura

el camión de la basura
en la esquina
parpadeando en las paredes
del leprosario

la muchacha te pide ayuda
y los autos aceleran

Yo me demoro
no quiero volver
no quiero estar solo

jueves, 12 de noviembre de 2009


Como en una pesadilla ella te dice que "todo se olvidará" y el policía entra en el baño y ve a la muchacha haciéndolo con el sospechoso. El policía se carga al tipo con dos o tres disparos. La muchacha, manchada de sangre, corre por un pasillo oscuro. El policía (lejos de los legajos, del crimen, de los autos convertibles) saca la verga y se la mira en el espejo. La calle está en penumbras y las ratas saltan por los cables telefónicos. La muchacha llega a la estación del ferrocarril y habla con el Desconocido. Éste la lleva a un hotel y le dice algo que jamás recordará. El policía guarda la cosa y dibuja una caricatura detrás de la puerta.

La muchacha va hacia el Norte. La pesadilla se completa con la ausencia total del amor. Algo así como en las películas en blanco y negro, de diálogos inconclusos donde los ojos del impostor son un murciélago clavado en el cuello de la víctima.
Que mejor que el olvido para caratular las causas del presente. O de eso que decíamos "querer", "sentir", "ser", "adorar", a todos esos nombres y a todas esas ausencias de nombres. Que mejor que un absurdo capricho para dejar de sonreír.
(ella va hacia ese bar y se acuesta con el Desconocido para que los días no le digan más lo que no tiene que hacer).
La pared es rosada y hay un reloj antiguo que dice: las cuatro y media de la mañana. El mozo barre el salón como si lustrara el Purgatorio. Estás ahí parado en la esquina de Congreso y Crámer. Nadie te conoce. Sólo los asesinos. Los contrabandistas. Y esas mujeres que jamás te verán dormir.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

San Blanchot

"El pasado (vacío) , el futuro (vacío), bajo la engañosa luz del presente: únicos episodios que hay que inscribir en y con la ausencia del libro".

martes, 10 de noviembre de 2009

La plaza de todos

Hay sol. El pasto es verde y las hormigas combaten contra Esparta. La plaza que es de todos y de nadie, sortea el azar del tiempo. Los perros ladran y se muerden. Sobre Donado una ambulancia apura al tráfico. El cielo se hamaca entre las nubes y pocos lo saben.
El espejismo está en los nombres. Un anciano llega de algún lado y me pregunta si el 71 pasa seguido. Sonrío: el mundo sigue a pasar de todo.

lunes, 9 de noviembre de 2009

El desentendimiento radica en la singularidad de las palabras. No en la compresión del sujeto sino en el marco donde se desarrollan los hechos. El desentendido jamás abrirá el juego hacia un hacer común. Entonces el diálogo será para los que no escuchen. Un sentir de labios abiertos. De ahí el silencio.

domingo, 8 de noviembre de 2009

De atrás hacia adelante. Como el pulóver en el cuento de Cortázar. Con el aliento precario para no imaginarte más parada en esa esquina. Entonces todo me dice que te dejé de querer. Que el maniquí está desnudo y el rostro (universal) se desfigura hasta congelarse en un lago. Lugar común. Orilla sin estampa.
Un amarillo entrelazado en las alas de un pájaro sediento.

viernes, 6 de noviembre de 2009

En la oscuridad el cigarro parece fumarse el vientre. El farol está del otro lado de la calle. Sobre la calle Plaza la estación YPF tiene una forma rectangular. Como en una pesadilla, abrís los ojos y ves en el reflejo de la ventana la silueta de tu cuerpo recostado sobre la cama.
Estás sólo. Y la novela te exige esa tranquilidad.

Para Juan M


En la novela, los personajes comienzan a escaparse del autor. Uno de ellos eligió vivir en una pensión de Lanús. A metros de una casa de paredes blancas donde a cierta hora de la noche varias mujeres abren y cierran las piernas al mejor postor. El personaje (lejos de la novela y del autor) entró en el sitio y pagó por ese placer. "Ella tenía la piel suave y un tatuaje en la espalda". El personaje pudo entender que todo indicio de amor está sujeto a un ritual paulatino y que él ha perdido esa capacidad para enamorar a una mujer. Así como un brujo caminó varias cuadras bajo una torrencial lluvia.
Lanús es gris y los empedrados de la avenida Pavón parecen tragarse al mundo.
El personaje llegó hasta la estación del tren y como si hubiera salido de un bautismo miró el cielo y sonrió.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Tres días en cama y los análisis dicen que el hígado está débil. La fiebre comulga con los párpados del soma. Algo así como estar desnudo esperando un tren. Nadie golpea la puerta. La familia siempre presente con los vasos pegoteados de Sprite y las migas de las galletitas Express. El dolor se calma por momentos y repetís una y otra vez ciertas lecturas. Cuando la vida se detiene (de a ratos) te muestra los dientes. Y los amigos tienen cosas que hacer, los hermanos llaman por teléfono pero en la mirada de la noche está el reencuentro. Entonces, intuís (entre los treinta y ocho y treinta nueve grados celsius), que los cazadores dialogan entre los altos bosques del silencio.
Allá están los otros refugiados: aquellos que te han escuchado llorar detrás de los escombros.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Tu maestra de primer
grado
masticaba
esas gomitas gelatinosas
mientras
te hacía escribir
esos tortuosos
dictados

Y fue una tarde
en el colegio Castelli
donde
te olvidaste los primeros
acentos
entre
las hojas de ese cuaderno
Rivadavia
No es de extrañar que el autor salga a caminar a la madrugada y se reclame esa conquista mínima de lo cotidiano. Entre tantas voces (los diálogos se repiten hasta el cansancio), una lo hace detenerse. Casi sin distinguir las formas, el autor, huye despavorido hasta encontrarse con esa mujer enmascarada.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El paso (no) más acá

La Desconocida se acerca a la barra de un bar y dice ser de algún país centroamericano (nunca especifica cuál, pero su acento supone una simpatía caribeña).
Su entusiasmo turístico se proyecta sobre un tipo que está bebiendo una pinta de cerveza. La Desconocida tiene una cicatriz en la cara. Específicamente en la parte superior derecha del labio. Algo así como una mordida. Rasgo que el tipo observa y le parece cautivante.
El diálogo es fluido y en cierto momento de la noche, la Desconocida besa al tipo. Éste le dice de ir a otro sitio. La Desconocida abre la cartera y el tipo ve un revólver plateado. No alcanza a precisar el calibre. (El tipo es un experto en armas de fuego). Al tipo le fascina el asunto. La Desconocida cierra bruscamente la cartera y le acaricia la bragueta.
En la calle hay un auto negro que los espera. El tipo no sabe cómo ni cuándo se subió al vehículo.
Al día siguiente el tipo amanece en un hotel del microcentro. La Desconocida está en la ducha. El tipo (que perdió todo el registro conciente desde ese abrir y cerrar de los objetos) le pregunta a la Desconocida por qué hay tanta sangre en la cama.
Alguien golpea la puerta de la habitación. La Desconocida sale del baño y responde.
El tipo repentinamente salta de la cama. Dos uniformados entran en el cuarto y la Desconocida les dice que el tipo está escondido debajo de la cama.
El tipo se resiste y los uniformados lo golpean hasta desmayarlo.
En el móvil policial el tipo recalca su inocencia.
La Desconocida sale del hotel y hace una llamada telefónica. Una voz casi fantasmal le pregunta sí todo ha concluido. La Desconocida dice algo. La voz le dice que en la esquina de Arenales está el sobre con el dinero. La Desconocida le pregunta por el monto y enciende un Particulares. Se corta la comunicación. En la esquina de Arenales pregunta por el sobre. Para su sorpresa le acercan una pequeña caja de cartón. La Desconocida, sin indagar absolutamente nada, camina varias cuadras hasta que se encuentra con una plaza. Se sienta en el pie de un monumento y abre la recompensa. Tres gruesos fajos alivian sus palpitaciones. Enciende otro Particulares.
El psicoanalista le dice al tipo que su relato es interesante. Mira la hora y todavía quedan algunos minutos más para concluir la sesión. El tipo vuelve a remarcar ciertos arquetipos del sueño: el bar, la Desconocida, el revólver, los uniformes.
El psicoanalista le pregunta por A. El tipo abre los ojos.

Maurice Blanchot

"Es como si hubiera escrito en el margen de un libro que sería escrito mucho más tarde, en una época en la que los libros desaparecidos tiempo atrás, evocarían sólo un pasado espantosamente antiguo y como carente de habla, sin más habla que aquella voz susurrante de un pasado espantosamente antiguo".

Noche de brujas

La desconocida se acercó y me pidió un vaso de whisky. Era tarde. El bar estaba vacío. (La lluvia tejía un diálogo lento). La desconocida tenía un escote pronunciado y sus pechos eran eternos. Me habló de Lima, su país, y de las costumbres torpes de los hombres. Bebió más de un vaso y me dijo que quería pasar la noche conmigo.
En casa, se asombró con ciertos hallazgos . Eran graciosos sus comentarios.
Amaneció y su cuerpo desnudo parecía de mármol.
¿Por qué no te vienes conmigo?dijo, al cerrar la puerta.

una obra de arte...





C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...