martes, 6 de octubre de 2009

Supuestamente el tipo cumplió sus cincuenta y ocho días de cárcel en Marcos Paz. Las causas poco importan, o sí, pero cuando el tipo salió de la leonera de Tribunales se cruzó hasta el café e hizo una llamada telefónica. El abogado redactó un permiso para que el tipo se fuera del país. El mozo le trajo un whisky doble. El tipo volvió a llamar por teléfono. Nadie contestó.
Después se tomó un colectivo hasta Drago, trató con ciertas personas, armó un pequeño bolso y se fue. Ella le habló de amor. El tipo pensó en ir a buscarla. Cosas de amantes, se dijo en silencio. Un pájaro se apoyó en un cable y el tipo pensó en ciertas señales del caos. En la cárcel fue "la mujer" de un capo. Un derecho adquirido después de una brutal pelea.
Me duelen los huesos, le dijo al abogado. No sabés cuánto.

1 comentario:

Nalda dijo...

Una historia interesante y, ciertamente, desconcertante.

Un saludo