sábado, 31 de octubre de 2009

Phone call

Entonces la posibilidad de entender el pasado te hizo hacer esa llamada telefónica y escuchar esa voz distante: “No quiero volver a verte”. El ruido de la calle disfrazó el derrumbe y como un profeta cortaste la comunicación.
En el suplemento cultural leíste algo sobre un importante premio literario y el ganador decía que se dedicaba doce horas diarias al ejercicio de la escritura. Tus palpitos eran exactos (te dolía la cabeza, el pecho): no había más nada que pensar.
Volviste a tu casa y encendiste un cigarro en la oscuridad.

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