sábado, 31 de octubre de 2009




Los elementos están a la vista: el tipo no tiene unas botas de tres mil quinientos euros ni conoce Tokio. Trabaja de noche y tiene una forma de enamorarse casi literaria. Algunas mujeres llegaron a quererlo. Al tipo no le importa. Es decir: sabe que algún día alguna novela suya estará saldada en las librerías de usados.
El tipo conserva una figura humana: lee, bebe y se acuesta con desconocidos.
Su estructura quedó dinamitada por las pérdidas: mudanzas, viajes, situaciones subordinadas al descontento. Pero nada de eso le interesa: hoy por hoy, escarba en el presente las cotidianidades alegóricas y es conciente de que nada fue tan grave. De esas mujeres habla poco, las evoca con pasión pero está convencido de que nada de ese recuerdo es cierto: sólo son pálpitos.
La vida pasa por una vereda y a través de un buen café, el tipo tiene la capacidad de nombrarla a su manera.
Y casi siempre es feliz.

2 comentarios:

Prado dijo...

Admiro al tipo.

Nalda dijo...

"La vida pasa por una vereda y a través de una buen café". Sí, señor, tan sencillo como esto.

Un abrazo