jueves, 29 de octubre de 2009

El animal olfatea la puerta e intuye los pasos de alguien en la escalera. Ellos (los pasos) amortiguan su calor cinético con cada envión de sangre. Los escalones (negros) son el teatro de las sombras. El animal mira o dice mirar (entre esos gestos ineludibles) ese suspenso intrépido que surge a cierta hora de la noche.
El animal se recuesta en la alfombra y sueña.
(El tipo se mira en el espejo, abre una cerveza y no quiere preguntarse nada más).

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