martes, 8 de septiembre de 2009

Se dice que Picasso llevaba la pistola de Jarry a todos lados. También pintaba con ella y hacía el amor. Jarry murió tuberculoso y borracho pero fue el primer pensador de una nueva metafísica. Heidegger le debe mucho. Jarry anduvo en bicicleta por todo París: elegante, suelto, esbelto, con una mirada de cóndor. Nadie encontró esa bicicleta después de su muerte.
Es uno de los tantos objetos fantasmales que circulan en el imaginario de los vivos.

1 comentario:

Espérame en Siberia dijo...

Cuántas leyendas se hacen cuando muere un grande, ¿no? Es impresionante.

Muchos besos.