miércoles, 16 de septiembre de 2009

Recién hoy entendí a Onetti.


Él cometió el asesinato. No tendría que haberse encontrado jamás con ella en esa esquina. La secuencia fue insólita: ella de espaldas, sentada en una mesa para dos. Él entra en el lugar y la busca. De repente un chistido, una risa común. Él la ve y sonríe. Segundos después se levanta un tipo de la mesa. Él se acerca, el tipo le da la mano. Ella besa al tipo y le dice: “nos vemos en casa”.
Algo previsto. Inducido. Lógico. Él le dice al tipo que no se vaya. Aquí el tiempo se detiene: él no recuerda el rostro del sujeto: “creo que tenía bigotes, que era flaco, lánguido.”
Ella sonríe incómodamente. El tipo se va. La cosa se reanuda. Vuelve el griterío del sitio, las luces, las camareras. Él se sienta y pide una cerveza. Es domingo y la gente a la tarde toma el té.
Ella le pregunta cómo está. Él se da cuenta que no la ama, que ese amor incondicional que lo hizo cruzar rutas y alambres ya no está. Se siente lejos. La cerveza está en la mesa. No se acuerda cuándo la pidió. "Ella dejó de brillar, sus palabras eran torpes, sin vida, invertebradas." Él bebe y trata de entablar un diálogo: habla de política, de libros, de su tiempo libre.
Acá hay otro corte: Él por primera vez se siente sólo frente a una mujer. Intuye que en diez minutos no va a saber qué decir o qué hacer y esa sensación lo desbasta.
Ella interrumpe la cosa con un“voy al baño”.
Él pide otra cerveza. Piensa en irse, en dejarlo todo a la deriva. Ella vuelve y le suena el teléfono: “sí ya voy, no te preocupes”. Otros monosílabos. Más alcohol. Ruidos. Mareos.
Pagan la cuenta. Se levantan. Van hacia un auto. Ella se detiene y le dice: "besáme". Él obedece. Ella respira aterrada. Se despiden. A la noche ella lo llama y va a la casa. Él ruega que todo termine.
No quedó nada por rescatar: "ni siquiera una caricia como esas que se les da a los perros en la calle."

1 comentario:

Claudia Morales dijo...

Me encanta.
Hoy más que nunca comprendo como nadie esta situación de la que hablas.
Al igual que a veces no estamos disponibles para nuestros amigos, por no ser el mejor momento, ocurre con las parejas.
Lo difícil es mantener miradas, pasión y cortesías reales cuando éstas no surgen. Ojalá escucháramos a la intuición para esquivar estos fracasos sin justificación.