martes, 29 de septiembre de 2009

Mateo Thomson 1953-2003

Apuntes encontrados en el cuaderno del escritor uruguayo Mateo Thomson. Fallecido en Cabo Polonio en el año 2003.
Thomson tenía cincuenta años cuando fue hallado muerto aparentemente de un infarto. En su mesa de trabajo había tres libros: Confesiones de Tolstoi, El mar de Banville y El aire de Chejfec.
Mateo se ganó la vida de diversas maneras: mozo, lavacopas, taxista, vendedor de libros. Era un fervoroso lector. Y amaba a los perros. Con las mujeres jamás tuvo suerte. Tampoco con el dinero. Viajó por casi toda Latinoamérica en condiciones deplorables. Era elegante a pesar de su humildad.
Los que lo conocieron quedaron atrapados por su presencia.
Traté de conservar el orden del trabajo de Thomson. Su letra es confusa. Las hojas del cuaderno están manchadas con café o yerba. Respeté su verborragia y sus aparentes cambios de temas.


Trigonometrías
Por Mateo Thomson.

¿Cuándo considera Usted que empezó a escribir en serio?

Escribir en serio:

Publicar.
Dar conferencias.
Acostarse con minas o tipos.
Ganar dinero.
Que tu fotografía sea la portada de un suplemento cultural.


Escribir en serio:

Irse al mar.
Leer a Vallejo.
Extrañar lo que no es.
Ser un perfecto desconocido.

...Pienso que uno está preparado para escribir en serio cuando empieza a extrañar lo que nunca fue. Y ése dolor es tan íntegro que a uno no le permite terminar ni siquiera una página de la mejor novela latinoamericana.
La paz del escritor radica en la escasez de su obra, en su póstuma publicación, en un perro que le ladra a los broches de la ropa, en la soledad, en alguna compañía ocasional.

(La mujer que amé (y que en éste momento está durmiendo en mi cama) pronto se irá. Y otro será su amor y su delirio. Yo quedaré allá, entre los papeles del recuerdo).

No sé cómo definir lo que es “escribir en serio”. Bolaño aportó algo brillante sobre el tema:
“Es a todo o nada. A vida o muerte”.
Lejos de traducir a Bretón o a Balsac o dirigir una editorial prestigiosa.

APRENDER A ESTAR SOLO
Una soledad que se acompaña con buen tabaco, con hacer literatura y con un trabajo que te de tiempo libre.
Y para esos domingos a la tarde: la memoria de lo que nunca será, el silencio de un buen paisaje y el llanto que como decía Celan deja al alma más transparente.


(En el margen de la hoja número doce del cuaderno se lee: “La sordera. Cómo transformar el dolor en un número)

Algo hay que publicar. Hay que decir y hacer. No esperemos ser reconocidos.

4 comentarios:

Prado dijo...

El blog entonces será nuestro.

lula dijo...

hermoso.

Vania Vargas dijo...

Tomo nota: Thomson. Uruguayo. Interesante historia de vida. Me pegó ese texto.

Emil Diermissen dijo...

maravilloso de pies a cabeza!