lunes, 7 de septiembre de 2009

Hasta el diablo tira una moneda en la fuente y pide tres deseos. Y mira el cielo (que es su infierno) y piensa lo mal que hizo ayer o antes de ayer en irse así como un loco con su tridente en la mano y su cola de fuego.
Nadie puede sacarle punta a ese lápiz estúpido o corregir un adverbio fuera de lugar.
Hasta ese demonio tiembla en los pasillos de un sanatorio.
Pero nada impide que Ernesto, un vecino, salga a trabajar a la misma hora de siempre. O que la muerte te despierte a las seis de la mañana con un fuerte dolor en el pecho.
Sólo ese diablo es capaz de seguir fumando los días en su pipa de piedra, en la soledad más absoluta.

3 comentarios:

Eme dijo...

Y aun asi luego de una bocanada se siente satisfecho*

saludos*

Prado dijo...

habría que aprender a fumar de esa manera y a escribir con las cenizas.

jack casablanca dijo...

la soledad más absoluta debe ser insoportable, y sin embargo, creo que allí empieza o termina un camino. donde cualquiera puede cambiarse la cara y el copyright es un asunto de muerte