lunes, 14 de septiembre de 2009


Como un profesional el tipo se dedicó noches a terminar la novela. Los personajes giran en torno a la pérdida de una identidad común. No queda claro si ella muere o no. El tipo (el que escribe) tiene una perra de pocos meses que lo acompañó horas roncando sobre inercia de un tiempo vacío. El otro tipo (uno de los personajes de la novela) perdió la vida en un accidente y en cierto punto: tanto el que escribe como el que es escrito son el mismo. Una mismidad distante, lejos de la metafísica del oxímoron. Una identidad pagana, cercana al desarraigo. Entonces el que escribe entiende que el amor por una mujer fue siempre una excusa (torpe) para no encontrar su voz. Un plagio del romanticismo mal aprendido en el colegio o mal llevado por el recuerdo (que muchas veces dice lo contrario a lo que es).
Claro: esa perra siempre ladra antes de escuchar el silbato del tren.

2 comentarios:

Saúl dijo...

las historias se entrelazan… y es posible que sea el personaje el que escriba la historia de la persona..

Nalda dijo...

Quizás es mejor así, no saber quién es el verdadero escritor. Tiene cierto encanto.

Saludos