martes, 22 de septiembre de 2009

Bolaño@Bolaño


Dudo que Bolaño haya sido el “último escritor latinoamericano”. Así dicen los grandes escritores (¿?). No lo creo. Como tampoco creo que Julio Ramón Ribeyro sea un perfecto desconocido. O que Néstor Sánchez sólo figure en los programas de la facultad.
Bolaño es un pilar en la literatura. Una columna que puede soportar un edificio de nuevos escritores y me parece que esa es la idea que late en Bolaño: la del escritor que escribe porque sí, lejos, sin causas pero con un efecto mortal. Así una generación de nuevas voces lo lee en silencio, como musita las palabras de Julio Ramón o como subraya las líneas de Sánchez. Sí Bolaño es el último o el primero: qué más da. Hizo o hace “feliz” a cualquier lector (distraído o no) que se acerque a sus Detectives o a sus Putas asesinas. Y feliz es un término injusto hasta diría poco correcto. Pero es la sensación más cabal que uno siente cuando conoce a Ulises Lima o a un Arturo Belano.
Hay un fenómeno “Bolaño” muy acompañado por un excelente (y a la vez asqueroso) marketing editorial. Pero ese fenómeno se deshace en un aguacero de preguntas, de signos de admiración que van más allá de la obra. La vida de Bolaño fue literatura. Literatura de pura sangre. Era un tipo apasionado, visceral, arrebatado, sanguíneo. Sus viajes, sus mujeres, sus balas: todo eso es Bolaño.
Después están los imitadores: esos intelectuales con anteojos marcados, que hablan detrás de una cortina de humo. Esos son los que quedarán en el olvido. Tirados como perros desposeídos. Perros sin romanticismo. Acribillados por libros y más libros. O en prólogos porque sí.

2 comentarios:

Nalda dijo...

Más que el primero o el último, lo importante es que llegue a la gente. Y Bolaño lo hace.

Un saludito

Anónimo dijo...

"tal vez te acuerdes de mi, aunque menos".