jueves, 6 de agosto de 2009


Lo último que vi fueron sus labios pegados a su rostro pálido. Como dos archipiélagos desiertos. Sin aves. Sólo restos fósiles en sus ojos. Y un tatuaje salvaje en la espalda del pirata. Así la noche vuelve a ser opaca y en la ventana los tres cactus marcan las horas. Atrás hay un telón común: un rasguño de Lalengua en el cuerpo de la víctima. Entonces lo barrado no es el sujeto sino la fuga. Y alguien te pregunta por “el evento” y ladra un perro y otro alguien se asusta y la letra “y” no forma diptongo y el tipo esconde el revólver en las ojeras.
Claro: todo pasó en un instante.

3 comentarios:

Emil Diermissen dijo...

no se como hacen algunas personas para derramar en las escopetas la madrugada y la cafeina envuelta en cigarrillos. pero eso de esconder el revólver en las ojeras es un acto completamente maravilloso.

Eme dijo...

en un solo instante*

besosdulces*

Natalia Zubeldia dijo...

"...el tipo esconde el revólver en las ojeras..." Muy bueno eso.

Un beso.