jueves, 9 de julio de 2009

XXII


El que escribe entiende que “feliz” es una palabra inexacta. Pero para ciertos casos es perfecta. Aunque él perdió una relación amorosa hace días, intuye que la felicidad se compone de efímeros condimentos. El texto está vivo. Es un organismo latente en lo real.


XXIII

Al animal le duelen los húmeros. El cráneo sin carne, late. No hay molares en los golpes del martirio.
El animal se detuvo en cierta parte del camino a beber.
Ella llegó hasta la primera curva de la tierra. Hacia adelante lo espeso de la transición tejía un argumento.
No hay atrás, sólo el silencio de los pájaros en su aletear de cielo.


XXIV

El que escribe tose. Extraña a esa mujer. A esa otra. Esa escasez sentimental que le estruja el sueño. No puede abandonar el texto. Los personajes exigen lealtad. El que escribe vuelve a su sillón.
Enciende su pipa en la soledad más absoluta.

1 comentario:

Maria Andree Abadia dijo...

Claro. Feliz es tan inexacto como la esperanza. Parten del infortunio. S.