martes, 7 de julio de 2009

XX

El que escribe (ese “yo” interrogado), se aplasta en el sillón y trata de entender qué hacer con el texto. Lo textual está afuera, en un lugar poco común. Casi en silencio, el que escribe entiende que los personajes están suspendidos en lo narrado. Sin embargo, a pesar del estado clandestino de la palabra en relación a su decir mundo, el que escribe espera el llamado a medianoche de esa mujer. Otra distinta de aquella con la que hace el amor. “Absurda memoria del placer pagano”, escribe el que escribe sin ser él el texto escrito sino el contorno, la vaguedad de ser aquél sujeto esclavizado por el placer. Corrige: por el contagio espontáneo de la pasión.

2 comentarios:

Prado dijo...

no somos nosotros editores de nuestra cotidianeidad?

MAGO dijo...

Siempre se espera ese llamado...siempre