jueves, 2 de julio de 2009

XVI

Nadie sabe qué día nació el animal. Tampoco a qué hora fue degollado frente a una multitud de cinco personas. Tal vez, cuatro. ¿Quién sabe? ¿Quién se interesa por este tipo de datos? Ella imaginó una fecha: 12 de agosto. Un final: cuatro de la tarde. Así la condena se amortigua entre el recuerdo y la sorpresa. El animal intuyó el crimen. El atroz encanto del complot. Ella alguna vez pensó en las cosas que se pierden o que se olvidan, en esos actos invisibles que no tienen mayor trascendencia. Estaba sola. Dispersa entre lo pasado y lo futuro. Atrás, ese presente que se conjuga en un decir diario. Acá. Allá. Los premios y los castigos. La cama. Las sábanas manchadas. Los zapatos entre los muebles. Esos objetos que ocupan un espacio sin saberlo. Como aquél pájaro que se esconde antes de una tormenta.


XVI

Un sueño repetido: Ella amordazada. Manos y pies atados. Una habitación sin ventanas. Una foto del General. Las malas terminaciones de la puerta translucen tenues figuras. Un idioma extranjero. Ella desnuda. Haciéndolo con dos en simultáneo. Algo se pierde. Ella se despierta exaltada. Él no regresó.
Alguien se acerca.


XVII

Se escucha un palmar de manos. Ella se levanta.
¿Quién es?
La pregunta trajo un breve silencio.

3 comentarios:

Ivan Ignacio dijo...

interesante...(si bien cada uno lo imagina d emanera distintas, me lo imagine muy real, me lo imagine en un tugurio donde tube que pasar la noche el año pasado)

Por favor tenes que grabar el relato con un grabador de audio, y ponerlo a reproducir

Prado dijo...

el suspenso. me dejo en él.

los perros románticos dijo...

Ivan, gracias. Buena idea la de la grabación. Quizá lo haga.

saludos.