viernes, 3 de julio de 2009

XIX

Hay sangre seca del animal en la corteza de un árbol. Huellas. Lo extraño como reflejo de la insensatez. Ella miró el cielo, las nubes eran galeones abandonados. Tembló. La bicicleta a metros. Apoyada en una de las paredes de la galería. El tipo en el hospital preguntó por ella. Nadie supo qué decirle.
"¿Hacia adónde ir?" Se preguntó.
La sangre del animal se descascaraba como las anécdotas o los buenos momentos. Ella sintió un puñal en el corazón. Los ojos del animal detrás, en lo impalpable, en el enigma de lo fantasmal.
Él tenía una herida infectada. Fiebre. Un pulso irregular.
Lejos, el viento.

3 comentarios:

Veronica dijo...

MUY BUENO!! GRACIAS POR PASAR POR MI ESPACIO
BSOS, VERO

marta dijo...

Cuánta intriga, me ha encantado.
Un beso MUYGRANDE :)

Maria Andree Abadia dijo...

"se descascaraba como las anécdotas o los buenos momentos". Hay algo que siempre te lleva a eso a olvidar esos momentos y te quedas con lo que sobra, pero eso que sobra te empuja a nuevas direcciones a buscar de nuevo los buenos momentos.