miércoles, 15 de julio de 2009

Los verdaderos asesinos conversan con el padre de Hegel o Lacan. Hacen el amor con la basura y viajan hacia en Norte con torpes movimientos.
Los verdaderos asesinos le temen a la muerte y sudan cuando una mujer empuja sus falanges en las antesalas del terror. Así beben y tienen vergas largas que ametrallan a esos japoneses atrincherados en la isla Rishiri. Disparan con altos calibres y mueren con los brazos en cruz.
Los verdaderos asesinos viven en pequeños apartamentos de barrios innombrables, tienen sonrisas acribilladas y cuelgan los calzoncillos en las manijas de los ascensores.
Jamás vuelven a la escena del crimen. Leen ciertas novelas existencialistas y conducen automóviles con matrículas impares.

2 comentarios:

Maria Andree Abadia dijo...

Magnífico lo que representa el norte.
La basura, en términos de Sábato, es la única que puede presenciar las verdades que estas personas mueren por contar.

MAGO dijo...

El asesino muere cada vez que mata