miércoles, 29 de julio de 2009


El padre tose desde adentro. Desde un pulmón con sangre. Saliva una baba extraña. Se limpia la boca. Abre y cierra el pañuelo simulando el aletear de un insecto. Mira hacia allá: una ventana, una glorieta, un jardín. Alguien lo sorprende con una mano en el hombro. El padre sangra. Se arquea. La mano le recorre la cara. El padre tiene la barba blanda. La mano toma la figura de un brazo y de ahí un cuerpo detrás del padre. Él se refleja en la ventana. Sentado. El espacio se tuerce. Se cierra. El aire es denso. El cuerpo avanza. Él se aferra a la silla.
Huelle a lluvia. A jazmín. Como su infancia. Como el primer cumpleaños en la casa de mármol negro. Con su perra. Con esos payasos contratados. El cuerpo exige. Él ya no es el padre es el hijo.
Tose. Hay un eco y un nombre. Sin sostén.
Sonríe.

2 comentarios:

MAGO dijo...

Hermosa descripción de una transpaso de sentimientos, saludos

luciérnaga furiosa dijo...

hermoso