sábado, 18 de julio de 2009

XXVII-

El Mayor dejó sonar el teléfono. El tipo insistió. El Menor le preguntó al Mayor por qué no atendía. El Mayor se rascó la cabeza y se miró las uñas.
El Menor levantó el tubo del teléfono diciendo “hable”.
El tipo lo saludó afectuosamente dejando atrás las demoras o los inconvenientes vespertinos. El Menor se sorprendió de volver a escuchar la voz del tipo después de tantos años.

-¿Cuántos? Preguntó, el tipo.
-Casi seis.
-¿Tantos?


El Mayor seguía mirándose las uñas. El tipo recordó esos viejos tiempos:

-¿Cómo podés entender que tu hermano, el Mayor, haya apuñalado a su propio primo en ese asado?

El tipo, mientras hablaba con el Menor y traía al presente esas acciones secretas, pensaba en ella y tenía la corazonada de que nunca más la volvería a ver.

No creo, dijo el Menor. Es raro que una mujer se vaya sola de un pueblo.
El tipo les ofreció un dinero tanto al Mayor como al Menor para ir en busca de “su” mujer.

(El que escribe hace una pausa. Está cansado. La noche anterior bebió de más y volvió a sentirse solo. Tal vez, la ruptura de aquél amor (ese binomio imperfecto de arbitrariedades) obligaron al que escribe a detenerse. Los personajes tanto el Menor como el Mayor aceptaron la oferta del tipo. El que escribe sabe que el texto es incondicional y que cualquier distracción sería incongruente).

3 comentarios:

Prado dijo...

El desamor y el alcohol son la perdición del hombre moderno. Y la ganancia de la estética.

Prado dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Feliz dia hermano de jardin