martes, 30 de junio de 2009

X

La mirada es del animal. De la faena. Del escombro. Nombres monosilábicos. Lo demás no importa. O por lo menos a mí no me importa. La voz es de la narración. Ella me lo dijo una vez: “escribí así”.
El tipo llegó temprano. Ella estaba en la cocina. En la mesa tenía un cuaderno. Algunos trapos y varios tomos de óleo. Negro. Amarillo. Azul. El tipo se puso nervioso. No se sabe bien por qué. Tal vez presintió el abandono.
Ella lo abrazó. Él olía a tabaco y cerveza. Fueron a la cama. Ella no quería (como casi siempre). Él la sacó y se la acercó a la boca. Ella tenía la espalda fría. Como los ojos del animal. Como el sarcasmo del sexo.

XI

Amaneció. El tipo fue hasta el galpón a buscar unas herramientas. Ella en la cama estiró los brazos. Después abrió la ventana. El sol fue cómplice de sus lágrimas. Pensó en irse esa misma tarde cuando él estuviera en el pueblo. Fue hasta la cocina y en el cuaderno escribió la palabra “dolor” varias veces. Más de veinte.

XII

Perros orejudos. Afuera. Labrando entre los árboles. Peleando por la carroña. Haciendo que la venganza sea un crimen. Mucho frío. El tipo entró en la cocina con la caja de herramientas. Tomó unos mates en silencio. Ella le acarició la cara.
¿Por qué lo hizo?

2 comentarios:

susana dijo...

Hola Andrés, me gusta muchísimo como escribís, lo disfruto. Un Abrazo!

los perros románticos dijo...

Gracias Susana. Otro abrazo.