sábado, 6 de junio de 2009

Oda a la estupidez

No es difícil dejar de jugar con las palabras cuando las cosas llegan a un punto tal que no hay memoria. Para qué la carga estúpida del amor sabiendo desde ya que el egoísmo es un refugio. Pido disculpas a esos estereotipos que pedí prestados creyendo ser parte de una razón. Hablo de esa espera en el que el otro es el protagonista. O de esos sábados almorzando frente al fuego desconociendo las argucias de Prometeo. Repito: ¿para qué?. Si no había necesidad de plagiar lo ya sabido. Después el chiste termina como en esos cuentos de escritores noveles en donde la concordancia entre el sujeto y el predicado es nula.
Y esa cama será para el bufón de turno.

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