miércoles, 3 de junio de 2009


Homenaje a G.P

No importa si alguien leyó bien o mal a Hegel. Las noches de insomnio también son una excusa. La cosa es que el fantasma sigue visitándome. No hablo de esos espectros metafísicos o de esos aullidos literarios. Digo (me digo) que hay una especie de voz que toma la forma de un cuerpo y que juega a ser un testigo de todo lo que hago. Entonces insisto: debe ser un caso para psiquiatras.
El tema es el siguiente: mi fantasma es un modo de extrañar. Deben haber sido las pérdidas recientes (y no tan recientes) las que dieron vida a esa especie de Frankestein suturado con retazos de mundos.
Una suerte de memoria hay en las cosas. Algo así como un puente invisible entre la pregunta, el objeto y el reflejo. Casi todo es un espejismo. Esa mujer. Ese bar. Esas muertes. El punto es el observador. El modo de interrogar lo que está siendo. Entonces el fantasma y los modos de extrañar son hipótesis del lenguaje. Mientras escribo estoy cruzando esos puentes del decir que dicen en el otro algo que yo ya he olvidado. El otro es mi olvido. Un olvido al que nunca pude darle una palabra. Algo sin sostén.

1 comentario:

lula dijo...

salgo de la comodidad de mi silencio sin decir una palabra:
c r a c k hizo mi corazón.