viernes, 19 de junio de 2009


En Austin, Texas una noche salí a caminar por la César Chávez y me choqué con dos afroamericanos haciéndo. Él le daba duro y el otro él cerraba los ojos con un placer sofocante. Él me vio y siguió como si nada haciéndome cómplice de una orgía.
Yo no podía dormir y quería fumar un cigarro. Con mi mujer de ese entonces no pudimos hacerlo. Algo estaba mal. Entonces pensé en lo lejos que estaba de Buenos Aires y en esos actos invisibles que se asoman al mundo como un presagio.

4 comentarios:

Melancólico y fatal... dijo...

Loco, caí por estos lares siguiendo las huellas de Bolaño. Como una confesión laica, decidí escribirte algunas cosas, no muchas. Soy un lector ávido e indiscriminado, o cuanto menos, uno muy agradecido. He de confesar, sin embargo, que siempre se me han atravesado los libros trágicos que se dedican a decirme que me tengo que morir como un perro y que despues no hay nada.
Esa supuesta y tan prestigiada única patria de los escritores tristes me pareció imprescindible demasiadas veces, tantas que, suelo deshonrar las lecturas de los que a menudos sienten que todo va bien, digamos, la obscena crueldad de los vencedores.
Quiero decir, que entre tantos escombros, desdichas, y ceniceros llenos, me resulta placentero encontrar un tipo que escribe bien, porque tiene la cabeza hecha mierda, supongo.

Un abrazo.

los perros románticos dijo...

Loco, desde ya gracias por tu comentario y tu lectura. Comparto esa sensación de tristeza y tal vez, ese anominato del goce ante lo ausente. Aunque te confieso que es dificil el golpe de la palabra tengo la sensación de no poder hacer otra cosa. La apuesta es grande: no creo en los términos medios, esto es a todo o nada.

Melancólico y fatal dijo...

Si chabón, comulgo con lo que decís, pero tengo mis reparos. Las palabras a menudo nos rompen el cráneo a martillazos, y aún así parece ser un buen negocio leer un adjetivo acoplado con felicidad a un sustantivo, que nunca se vieron, por la prontitud del ingenio, por la habilidad técnica del poeta, o yo que se. Las palabras además, sirven para levantar minas.
Debo añadir, a su vez, que pese a todo nunca vamos a dejar de ser una puta broma que los dioses nos gastaron.
Hace un par de meses, cuando, por vaya a saber que morbo raro, fuí a contemplar, al cementerio del Père-Lachaise de París, las tumbas de algunos escritores que siempre me gustaron, leí en una tumba pedorra, contigua a la de Oscar Wilde, arrasada por la gramilla (¿será esta la mejor metáfora del olvido?) un epitafio estupendo, de un ñato, que decía: "je ne suis pas d´accord". (No estoy de acuerdo)
Digamos: hecharse polvos con todas las palabras está bien, es un buen consuelo, jugarse a todo o nada, también, pero eso no me alcanza para saber que esta tragicomedia no tiene ningún perro sentido. "Es así: estás vivo y de eso se trata", decís vos.
Pero no se... no estoy de acuerdo.

Un abrazo chabón.

los perros románticos dijo...

¿Sabés por dónde pasa creo?: hay que bancarse el "asunto" sea cual fuera. Muchos años (y te digo que hasta hace horas) pensé que el amor era una salvación, el tipo que se emamora y encuentra su "compañera" está salvado, eso puede ser a los veinte años o no. Pero me doy cuenta hoy por hoy, que el asunto de cada uno es un destino y que no hay muchos desvíos posibles es más: cuando amo, mi asunto estalla y acribilla a un otro inocente (no creo en la inocencia). Hay que ir hasta el final. Bolaño tenía eso, él decía "esto es a vida o muerte", y si alguien esta con vos desde ahí genial, sino están los amigos, la cerveza, los perros, las hembras de dos noches, los libros de Wallace y ante todo: la escritura, aunque nadie la lea.

Abrazo. Sr.