martes, 30 de junio de 2009

X

La mirada es del animal. De la faena. Del escombro. Nombres monosilábicos. Lo demás no importa. O por lo menos a mí no me importa. La voz es de la narración. Ella me lo dijo una vez: “escribí así”.
El tipo llegó temprano. Ella estaba en la cocina. En la mesa tenía un cuaderno. Algunos trapos y varios tomos de óleo. Negro. Amarillo. Azul. El tipo se puso nervioso. No se sabe bien por qué. Tal vez presintió el abandono.
Ella lo abrazó. Él olía a tabaco y cerveza. Fueron a la cama. Ella no quería (como casi siempre). Él la sacó y se la acercó a la boca. Ella tenía la espalda fría. Como los ojos del animal. Como el sarcasmo del sexo.

XI

Amaneció. El tipo fue hasta el galpón a buscar unas herramientas. Ella en la cama estiró los brazos. Después abrió la ventana. El sol fue cómplice de sus lágrimas. Pensó en irse esa misma tarde cuando él estuviera en el pueblo. Fue hasta la cocina y en el cuaderno escribió la palabra “dolor” varias veces. Más de veinte.

XII

Perros orejudos. Afuera. Labrando entre los árboles. Peleando por la carroña. Haciendo que la venganza sea un crimen. Mucho frío. El tipo entró en la cocina con la caja de herramientas. Tomó unos mates en silencio. Ella le acarició la cara.
¿Por qué lo hizo?
VII

Ella es diez años menor que él. No es feliz. “¿Quién es feliz?”, se pregunta y le pregunta al suspenso de la respuesta. Está ahorrando unos pesos para irse, para abandonarlo todo. Un todo que es la vida de él: ese campo, esos viajes a Buenos Aires, esos galpones. Ella no está enamorada. Sueña con estar en otra parte. Con pintar. Con leer autores en alemán. Con hacer el amor.

VIII

Antes de conocerlo a él (en ése único bar de pueblo, en esa noche helada) ella tuvo un romance con una mujer. La amó desesperadamente. Los encuentros eran los domingos, cuando ambos padres estaban en misa. A ella le provocaba una adrenalina tremenda hacerlo con M detrás de esas plegarias obligadas. “Dios perdona a los amantes”. Adoraba besar a M, recorrer ese cuerpo con la legua y sentirse parte de esa piel. De un solo cuerpo.
M se enfermó (de esas enfermedades que los médicos no conocen) y murió al poco tiempo.
M escribía poesía.

IX

Hay partes del animal en el estómago de los perros. Dientes por ahí cerca del molino. Gusanos. El animal dejó alguna cría. Una foto con el hijo de alguien. Un cierto hedor a muerte. Ella mira esos restos. Huele en la tarde la fuga. Una pequeña valija. Una caminata de menos de diez kilómetros. Caminos de tierra. Zapatos con barro. Piensa en el animal. En un poema que leyó con M. En los epitafios que dejan las ausencias. Así la noche invade los objetos. La oscuridad es casi total.
A lo lejos, una luz.
Tal vez, una estrella.

lunes, 29 de junio de 2009


IV

El animal se pudre. Moscas. Ella se asoma a la ventana. La tarde es gris. Como sus ojos. El tipo está en el pueblo. Cerca de la tranquera hay un tractor detenido.

V

El pueblo está a unos quinientos kilómetros de Buenos Aires. El tipo heredó un campo relativamente rentable. Su padre era un prestigioso médico. El tipo siempre fue el hijo “del doctor”. A los quince años el tipo lo hizo por primera vez. Fue con la hija del capataz. Allá, detrás del molino.

VI

Ella tiene un apellido alemán. También es de allá. Del pueblo. El tipo la conoció en el bar. Fue hace cuatro años. Al poco tiempo encontraron al padre de ella muerto en otro campo. El tipo se hizo cargo del entierro. Así la fue “suya”. Como le dice a los amigos.


domingo, 28 de junio de 2009

Y las balas llegaron tarde



La cadena entrelaza el vientre. El animal está tieso. Gime. Escucha el zumbido de una abeja. La lengua casi toda negra. El tipo saliva. Le hunde el cuchillo en la panza. Las tripas estallan todas. El animal patea. Hay moscas. Verdes. Mates. El asunto es la sangre y la tierra. Todavía late el corazón de ambos. Otro ir y venir filoso. El cuero se mancha. El animal se desploma. Hay risas. El tipo arrima un balde.


II

El tipo la tiene grande. Ella de espaldas se arquea. Detrás, una ventana con cortinas viejas. La casa es baja. El tipo le escupe la nuca. ¡Puta!. Ella soporta el agravio. Como siempre. Como le enseñaron los golpes. Así el tipo lo hace como una bestia. Afuera hay una galería. Una bomba de agua inglesa. Alambres que unen la intimidad con el hartazgo. Ropa. Broches. Ella se incorpora. Él enciende un cigarro.


III

Al tipo le gusta beber. Incomodar al otro.
Al tipo le gustan los riñoncitos con mucho limón. Remarca: “con mucho limón”. Adora los perros, las armas plateadas y los ocasionales encuentros con sus amigos.

sábado, 27 de junio de 2009

Otras calles. Personas que vienen de otros lados. Cañuelas. Almagro. Alguien se dedica a escribir y vive con dos amigos. Otro esta en la cocina preparando unas pizzas. Ella atiende las mesas y le falta un diente. Los baños tienen los pisos negros y las paredes están pintadas de rojo. Todo brilla. Hasta la nariz del Francés. Las botellas se golpean. Muchas caras nuevas. Ella me dice que la lleva a su casa. Hay una pantalla luminosa con un video de Radiohead. Se escucha poco. Arriba hay tres americanas borrachas que escriben sus teléfonos en una servilleta. La soledad es inaudible. Como nosotros. El Gordo me dice que anote “tres cervezas y un Speed”. El dinero abunda. Buenos Aires es gótico. Como la ausencia de una mujer. Ella me mira.
Un tipo trajeado me dice: “Ponéle más whisky que me la quiero llevar al hotel”. Traduzco: Al Motel. Estoy lejos. No hay reparo. Las miradas son como esos boxeadores que pelean por el luto. El tipo le toca el culo.
El Gordo me abraza.

viernes, 26 de junio de 2009

Murió Cleo. Mi perra que traje alguna vez de Texas. La atropelló un auto o un camión. Como a Barthes o a Gatica. Ya no me queda nada de aquella época. Sólo fotos. Algún recuerdo torpe. Siento profundamente las pérdidas, hoy más que nunca. Ayer menos que siempre.

miércoles, 24 de junio de 2009

Sé Otro. Un cómplice. El tipo que espera los trenes de carga y se monta entre los vagones. Siempre con un bolso y dos libros. Una pipa. Tabaco. Y la foto de esa mujer de allá. No hay atrás. Los rieles crujen y hace frío. En la estación hay perros y ciertas miradas de rencor. Hacia allá está el abismo. Esa sensación de lo anónimo. Esa renuncia conciente del yo.
El Otro siempre viaja hacia el Tú.
No hay lenguaje adentro
en lo cóncavo
en lo cinético
la lengua es un afuera
en lo abierto

el poema desgarra el silencio
sin dañar su adentro

como un grano de maíz
que se abre en la costura de la Nada
y cae
al mundo
rodando semilla

(adentro aún más adentro)

lunes, 22 de junio de 2009


Entonces.
Hay latas de cerveza, platos sucios y un corpiño que nadie encontró. El pecho se te cierra y repetís las palabras que no le dijiste una y mil veces. Los libros en el piso, tu cara sin afeitar y esas ganas de salir corriendo. No hay un a-dónde ni un por qué. Después crees que ella era distinta y que toda la mierda fue tuya. Es la etapa de los llantos eternos y de abrazar la Biblia a la noche. El trabajo te permite vivir y siguen los cartelitos del dueño reclamando estupideces. Y esas viejas te preguntan por un libro de autoayuda. Otra será la cama y otro el cuerpo. Lo importante es que te decidas a escribir de verdad y que te dejes de coquetear con el asunto.
Claro.
Era insoportable la idea de la distancia y de esos actos imprudentes. Aunque el viejo Bob te aconseje “prudencia”: ¿cómo ibas a manejar tu malestar? Esa sensación de un mañana sin fin. Pero a pesar de todo, la apuesta fue mutua y acá no hay perdedores.
Aunque salgas a caminar en plena madrugada por el parque Saavedra y enciendas la pipa quejándote del viento. Es así: estás vivo y de eso se trata.

viernes, 19 de junio de 2009


En Austin, Texas una noche salí a caminar por la César Chávez y me choqué con dos afroamericanos haciéndo. Él le daba duro y el otro él cerraba los ojos con un placer sofocante. Él me vio y siguió como si nada haciéndome cómplice de una orgía.
Yo no podía dormir y quería fumar un cigarro. Con mi mujer de ese entonces no pudimos hacerlo. Algo estaba mal. Entonces pensé en lo lejos que estaba de Buenos Aires y en esos actos invisibles que se asoman al mundo como un presagio.

jueves, 18 de junio de 2009


Nunca le pidas rebaja a la mina que labura
hacelo hasta el fondo, con amor como si fuera el último día
o el primero, qué más da
después preguntá cómo salió el partido
y acordate de ese perfume barato.
Antes de acostarte la soledad será total pero en la horca el cuerpo es virgen
como en un capítulo de Rin Tin Tin.

miércoles, 17 de junio de 2009

No hay mejor confesor que una puta a la que le pagaste poco porque no había más pero igual te escucha y te la acomoda entre el dealer y la plegaria. Y la bebida rebalsa y todo se va al carajo entre la ceja y la garganta.
Los sillones son incómodos y ahí todos somos perdedores hasta el tipo que está durmiendo en el baño esperando la moneda.

A-DIOS A UN GRANDE DE VERDAD!!!

Hay cada hijo de puta que vive tantos años y un tipo genial como Peña se nos va tan rápido. Mi admiración es incondicional.
Abrazo de oso Sr. Peña.

un poema de amor

salgo y no sé a dónde ir
o con quién acostarme o para qué
y alguien me dice que las cosas pasan
y lo miro
y bebo
y me siento detrás de un paredón
mi vecino lee a Truman pero no lo entiende
aplasto una cucaracha
escondo una botella entre los libros
y me pregunto
qué estarás haciendo
y esa pregunta es parte de una conjura
como las ratas y la basura que mastica Dios
y tengo una edad en la que me hartan ciertas personas
y tengo ganas de orinarlas

martes, 16 de junio de 2009

Antes del amanecer la sospecha desaparecerá y todo será como un viejo juego de ajedrez. Faltarán algunas piezas pero esas reglas te sobrevivirán. Entonces un llamado desde lejos te hará reflexionar. En el bolso esconderás las indecencias y cuando llegues nadie te esperará.
Sólo la sonrisa de un cartel luminoso a pocos pasos. Aunque no a muchos.

lunes, 15 de junio de 2009


No solo el suicidio de Alfredo W conmocionó a ciertos sujetos, también el escenario en el que se dio muerte fue impecable. Para los que no lo conocieron (creo que fueron contadas las personas que frecuentó) tengo la obligación de decir que Alfredo W nació cerca de los años setenta en Buenos Aires, en el centro neurálgico de la Capital Federal. Tuvo una infancia relativamente feliz (mi pesimismo no me permite asegurar la totalidad de un hecho) vivió en una casa de dos plantas, repleta de escondites e interrogantes. Quizá por esos años se implantó en él esa sensación de “anonimato”, ese sentimiento huraño de estar y no estar en los sitios. Tuvo una figura paterna muy curiosa: un padre que nadie podía definir qué hacia o qué decía hacer. Tambien las mentiras fueron protagonistas en su vida o mejor dicho: el no decir lo que es para no desnudar lo que no se tiene. Alfredo W estudió en un colegio religioso y ahí conoció a su primer amor: la hija de un general del ejército. Esta situación lo perturbó de manera tal (él detestaba a los militares) que siempre sus relaciones con las mujeres fueron conflictivas. Tuvo una infinidad de amantes (era un tipo interesante, culto, atento) y cuando terminó su educación básica se dedicó a la filosofía y al ejercicio de la escritura. Para sobrevivir realizó los trabajos más diversos: camarero, librero, conserje de un hotel alojamiento, albañil.
En sus momentos de ocio leyó fervientemente a Heidegger, Foster Wallace, Derrida, Rimbaud, Onetti. Y muchos más. Pudo acuñar una biblioteca infinita. Su trabajo con la escritura era demencial: llevaba al extremo la palabra: las exprimía. En poco tiempo (no sé cuánto) ésta tensión la trasladó a su cotidianidad : bebía, se obsesionó con Ballard y con ciertos tipos de conductas sexuales. Adoraba el sexo y las ausencias.
Algunos años vivió en Amarillo, Texas y allí conoció otro de sus grandes amores: la pintura y los perros.
Alfredo W una tarde se encerró en un baño y se voló la cabeza con una escopeta recortada. Su preocupación (como la de Jacobo Fijman) era qué iban a hacer con su cuerpo. Hasta llegó a decir:"… en fin... el cuerpo que deja la muerte siempre es para los otros”. Y así fue.
Lo encontró una mujer con la que vivió cierto tiempo. Estaba en el baño de una casa (que él rentaba para escribir). Era un baño todo negro. Con azulejos negros. Oscuro. Con una tina de patas de plata. Estaba semidesnudo dentro de la bañera, recostado. Sólo calzaba un par de botas blancas de goma..."Esas que usan los pescadores."

Andrés Rivas.

viernes, 12 de junio de 2009

Me estaba esperando en la esquina. Fumando. Pelado. Alto como siempre pero con unos kilos de más. “Tres o cuatro”, según me dijo, mientras me abrazaba y dejaba atrás la bruma del cigarro. En el bolso tenía una botella y un libro. “Esto es para vos. En realidad ambas cosas”. Otro abrazo y esos gestos que se pierden a las dos de la mañana. Subimos. No sé cúando entramos en el departamento. Hoy que trato de ordenar las cosas todo se asemeja a un acto único. Bebimos y volvimos a nuestros temas recurrentes: mujeres, esa imposibilidad de dormir abrazados a un mismo cuerpo, las ausencias, los trabajos estúpidos que nos dan de comer de una manera aún más estúpida, la rigidez, el habla. Pero cuando llegamos a nuestro asunto central ambos (creo que él primero y yo después o yo primero y él después) enmudecimos: un viaje sin regreso. Un viaje hacia la cosa misma. Sin miradas atrás. Sin tiquetes. Amanecer en otras situaciones. Hacerlo en otros ámbitos. La pausa fue lo suficientemente abrupta para que él me dijese: “Andrés: ¿Sabés lo que soñé hace tres o cuatro noches?:
te regalaba una cuarenta y cinco cargada y balas de repuesto (empleó un término que no recuerdo pero que en el relato era perfecto) y un estuche de cuero oscuro para que la portes y hagas de acá en más tus noches”.
Entonces pensé en la ciudad desconocida, en los callejones, en esos hombres montados en sus filias y en esos disparos que estallan en las paredes de las catedrales. Y en una mujer que cierra los ojos porque jode y a él no le importa porque pagó y el perdón siempre está en otra parte.

miércoles, 10 de junio de 2009

Duda

Hay un por qué que no es la norma pero si un sustento. Un callejón con salida al mar.
Esta tarde pensé en viajar. No para escapar sino para encontrarme con mi espalda.
Como en ese poema de Pessoa donde el gato que juega no sabe que es gato y el albur es el poema. Un entrar y salir desde lo mismo a lo recíproco.
No es suficiente el agravio. O la sanción. O eso que llamamos amor. Tampoco los viajes de ocho horas y las bermudas de la muerte. Nada te puede hacer dudar ante el abismo. O ante ese salto.
Ayer entendí que lo necesario es simplemente otra cosa.

martes, 9 de junio de 2009

Falta una nota. O dos. O todas. Tal vez la partitura sea invisible y la música sólo palabras. Pero hay un sin más. Un hueco. Algo perdido. De ahí la arbitrariedad del desalojo y lo espontáneo que nos hace reír. Es como un domingo eterno o como ese murciélago que aletea en la eternidad. Hacia nosotros. Detrás del muro.
Acá, un poco más cerca.

domingo, 7 de junio de 2009

No soy poeta. Tampoco sé qué es ser un poeta. Pienso en Rimbaud o en las noches de Vilariño. Personas apasionadas por el abismo. Por eso que decimos amar. Por la ausencia. Tampoco soy un narrador pero si una persona que habla con lo inesperado, que se enamora, que sale a caminar a las tres de mañana, que extraña, que llora, que adora los perros.
No sé... tenía ganas de escribirlo y así lo hice.

Quién iba a decir que el tipo (el que todos esperábamos que cumpliera) no iba a llegar y no sólo desaparecería sino que también se encargaría de borrar todos sus rastros. Así alguien lo lloró y algunos amigos llegaron a la conclusión (porque el tipo siempre hablaba del suicidio) que se había matado cerca de Volcán (datos aportados por él en ciertas ocasiones) un ínfimo pueblo del Norte.
Claro: el tipo esa tarde faltó al trabajo, llamó a una mujer para decirle que no la quería más, compró tabaco para su pipa y se dio a la fuga. Una fuga sin testigos. Sin asesinatos. Sin cuerpos. Sin policías braguetudos. El tipo huía de si mismo y esto lo llevó a un extremo tan tenso que muchos años después se supo que estaba en Dallas vendiendo cuchillos Randall. Esta noticia (improbable) se hizo sentir por una de sus tantas amantes, que leyendo el diario una mañana, dijo haber visto una foto del tipo en los avisos clasificados. Una vez más el rumor es una anécdota para los aburridos. O para esas personas que decían (en aquél momento) haber querido al tipo o a la cosa del tipo y nadie ni nada pudieron frenar las torturas del silencio.

sábado, 6 de junio de 2009

Oda a la estupidez

No es difícil dejar de jugar con las palabras cuando las cosas llegan a un punto tal que no hay memoria. Para qué la carga estúpida del amor sabiendo desde ya que el egoísmo es un refugio. Pido disculpas a esos estereotipos que pedí prestados creyendo ser parte de una razón. Hablo de esa espera en el que el otro es el protagonista. O de esos sábados almorzando frente al fuego desconociendo las argucias de Prometeo. Repito: ¿para qué?. Si no había necesidad de plagiar lo ya sabido. Después el chiste termina como en esos cuentos de escritores noveles en donde la concordancia entre el sujeto y el predicado es nula.
Y esa cama será para el bufón de turno.

jueves, 4 de junio de 2009

MURIÓ DAVID CARRADINE

Lo genial: "...Sobre las causas de la muerte no hay todavía una versión oficial. La cadena BBC informó que, según la policía tailandesa, Carradine "fue encontrado por una empleada de limpieza del hotel, sentado en un armario con una cuerda atada a su cuello y sus genitales..."

fuente:Clarín.

(entendió el asunto)

miércoles, 3 de junio de 2009


Homenaje a G.P

No importa si alguien leyó bien o mal a Hegel. Las noches de insomnio también son una excusa. La cosa es que el fantasma sigue visitándome. No hablo de esos espectros metafísicos o de esos aullidos literarios. Digo (me digo) que hay una especie de voz que toma la forma de un cuerpo y que juega a ser un testigo de todo lo que hago. Entonces insisto: debe ser un caso para psiquiatras.
El tema es el siguiente: mi fantasma es un modo de extrañar. Deben haber sido las pérdidas recientes (y no tan recientes) las que dieron vida a esa especie de Frankestein suturado con retazos de mundos.
Una suerte de memoria hay en las cosas. Algo así como un puente invisible entre la pregunta, el objeto y el reflejo. Casi todo es un espejismo. Esa mujer. Ese bar. Esas muertes. El punto es el observador. El modo de interrogar lo que está siendo. Entonces el fantasma y los modos de extrañar son hipótesis del lenguaje. Mientras escribo estoy cruzando esos puentes del decir que dicen en el otro algo que yo ya he olvidado. El otro es mi olvido. Un olvido al que nunca pude darle una palabra. Algo sin sostén.

martes, 2 de junio de 2009

Podría haber sido así: ella confiesa su amor por otro, esa afirmación etrusca te hace retroceder. Ella de espaldas. Un él arriba. Saltando entre los cimientos del acantilado. Aquellos demonios del atardecer. El cuerpo lejos. Rutas.
Podrías haber escuchado otra cosa y los asesinos igual hubieran detenido el vehículo sobre la calle Esmeralda. Alguien saca el artefacto y las escafandras se ocultan en las profundidades del secuestro.
Algo extraño es la vida del hombre en la tierra. Entre el acontecimiento y la cosa está la metáfora. Casi siempre huérfana. Sarnosa.
El trabajo del escritor tal vez sea aceptar la derrota.

C ontadas veces los vi juntos. Tanto el uno como el otro conservaban una apariencia de hermanos. Había algo en sus cabezas... Siemp...